Al borde del peligro

Título en castellano Al borde del peligro
Titulo original Where the sidewalk ends
Año de filmación 1950
Duración 95 minutos
Pais Estados Unidos
Director Otto Preminger
Guion Ben Hecht (Novela: William L. Stuart)
Música Cyril J. Mockridge
Dirección de fotografia Joseph LaShelle (B&N)
Reparto
Productora 20th Century Fox
Sinopsis Marx Dixon (Dana Andrews) es un conflictivo policía marcado por el fuerte carácter de su padre. En el transcurso de una investigación, hiere de muerte a un sospechoso y oculta el crimen. Un taxista (Tom Tully) es acusado como presunto autor del asesinato. Y, mientras tanto, Mark se enamora de su bella hija (Gene Tierney). 
Premios  
Subgénero/Temática  Policiaco, Crimen, Taxista, Policias corruptos

tomado de filmaffinity

Otto Preminger vuelve a reunir en una película suya a Gene Tierney y a Dana Andrews, con muy buenos resultados, aunque en mi opinión, no supere la magia que irradiaba Laura, que es uno de los mejores films de todos los tiempos. 

Clásica fotografía en blanco y negro, mucha oscuridad y nocturnidad rodea este film noir, que cuenta las andaduras de un policía duro y despiadado para con los criminales, que no duda en conseguir pruebas para resolver casos, utilizando todo tipo de argucias violentas e ilegales para lo que es un policía. Sus propios superiores le recriminan sus acciones. Al final de tanto ir con el cántaro hasta la fuente, pues comete un asesinato, eso sí, involuntario, pero delito al fin y al cabo, e incluso prepara pruebas falsas y miente al contar los hechos a sus jefes. Sin escrúpulos, aunque poco a poco se va dando cuenta de lo que ha hecho, y el remordimiento se va acrecentando minuto a minuto. Le pega mucho este papel al siempre frío e impertérrito Dana Andrews, e incluso noto en su aspecto algo de tristeza real, como si el actor no estuviera pasando un buen momento en su vida, pero bueno, son suposiciones mías.

Su frialdad y dureza como siempre, se atempera gracias a la llegada de la gran Gene Tierney, que le devuelve un poco las ansias de vivir, como en Laura. A partir de ahí vemos el lado más humano de Marc Dixon (Andrews) y vemos que es un hombre destrozado por su pasado, pues su padre fue un conocido delincuente, y él, a pesar de no querer terminar como su padre, siempre le pesará el llevar la misma sangre que un criminal. Un hombre solitario, triste y recubierto de una coraza de dureza, que solo una mujer como ella podrá lograr romper solo con su sonrisa y su forma de ser, tan delicada, atenta, bella, cristalina, bondadosa y….. que más puedo decir de Gene Tierney, el rostro femenino más bello que ha dado el cine en su historia

A pesar de que tiene algunas lagunas en el guión, algunos primeros planos de esta película me parecen fabulosos e impresionantes, como el de los rostros de los protagonistas en un primerísimo plano, cuando él le reconoce a ella de quien es hijo, y ella con sus preciosos ojos vidriosos por las lágrimas, escuchándole y animándole.


Grata sorpresa la que me llevé el otro día visionando esta modesta maravilla. Digo modesta porque Al borde del peligro se considera un filme menor en la filmografía del bueno de Otto, concretamente los hay que lo comparan, sin que me queden del todo claras sus razones, con Laura, situando a la cinta que nos ocupa, claro, un peldaño por debajo. Yo, que tiendo a ir contracorriente, ya sea por mi inexperiencia o por mosca cojonera, debo decir que a falta de revisar “la obra maestra de Preminger” ésta me ha gustado un poquito más. Quizá porque no me lo esperaba. Quizá.

El caso es que la historia atrapa desde el primer minuto, con una fotografía cuidadísima (echaba de menos esa atmósfera que sólo el blanco y negro es capaz de conseguir) y un protagonista enigmático, primitivo en sus costumbres, tendente a la violencia y a meterse en follones innecesarios, un Dana Andrews pletórico, en fin, con el que me es imposible no empatizar, pues adoro este tipo de personajes. Así, tras una exposición sobria y muy certera de los hechos que conformarán la trama principal de la película, el tiempo pasará volao, como quien dice, y el disfrute lo adivino fácilmente constatable entre diálogos muy bien llevados y afilados (lo que hacen los buenos guiones), situaciones con un toque cómico que funciona de perlas (ese bareto con sus cenas) y los ojos más hermosos que yo haya visto nunca. Hasta el final me parece perfecto, y mira que es precipitado.

Sin pretenciosidad de ningún tipo, sin dobles lecturas por ningún lado, simple ración de cine para paladares de toda condición con ganas de pasar un rato muy ameno y recuperar, quién sabe, el gusto por este noble arte y la esperanza de verse sorprendidos. Si no has visto Al borde del peligro, ya sabes. Estás tardando.

“-Un poco de cuidado, Dicky, que casi me rompo la cabeza contra la puerta.
-No te preocupes, el taxi está asegurado.”


tomado de pinceladasdecine

Seis años después de regalarnos la maravillosa Laura (1944), el bueno de Otto Premingerrepitió con la pareja protagonista formada por Gene Tierney y Dana Andrews que tan buenos resultados le dio, para dejarnos una obra mucho menos conocida que la anterior, pero no por ello mucho peor. Con un guión en el que Ben Hecht adapta la novela Night Cry de William L. Stuart, la excelente fotografía de Joseph LaShelle y la dirección y producción de Preminger, estamos ante otra maravillosa oportunidad de disfrutar de todo el talento que este genio poseía. No, no es Laura, pero dejar de verla por ello es poco menos que un pecado. CINE, con mayúsculas.

Where the Sidewalk Ends, Al borde del peligro, Otto Preminger

Sinopsis: Marx Dixon (Dana Andrews) es un conflictivo policía marcado por el turbulento pasado de su padre, que lo hace tener problemas en la comisaría por su fama de ejercer su oficio con excesiva violencia. Por ello, cuando en el transcurso de una investigación mata accidentalmente al sospechoso que pretende interrogar, decide ocultar el crimen. Pero tras ser acusado injustamente de él un taxista llamado Jiggs Taylor (Tom Tully), Marx conoce a su bella hija Morgan (Gene Tierney), de la que se enamora inmediatamente.

El director: Otto Preminger fue un director de cine estadounidense de origen judeo-austríaco nacido en Wiznitz, el 5 de diciembre de 1905. Considerado como uno de los primeros directores que quebrantaron la censura en los Estados Unidos, debutó con The Great Love(1931), tras la que nos dejó una magnífica filmografía con casi 40 títulos, de los que mencionaré varios: Laura (1944), La Zarina (1945), ¿Ángel o diablo? (1945), Ambiciosa (1947), Entre el amor y el pecado (1947), El abanico de Lady Windermere (1949), Vorágine (1949), Cartas envenenadas (1951), Cara de ángel (1952), La luna es azul (1953), Carmen Jones (1954), Río sin retorno (1954), El hombre del brazo de oro (1955), Buenos días, tristeza (1958), Porgy y Bess (1959), Anatomía de un asesinato (1959), Éxodo (1960), Tempestad sobre Washington (1962), El cardenal (1963), Primera victoria (1965) o El rapto de Bunny Lake(1965), aunque la mayoría de las que me he dejado en el tintero merecen un visionado.

La película: Al borde del peligro o Where the Sidewalk Ends (su título original) es una de esas maravillosas sorpresas que esconde la amplia filmografía de Otto Preminger, bastante desconocida para el público en general en comparación con otras obras del estadounidense como Laura (1944), Cara de ángel (1952) o Río sin retorno (1954), pero no por ello menos disfrutable. Como en ella el director repite con la pareja Gene Tierney y Dana Andrews, las comparaciones son odiosas pero difícilmente evitables, por lo que lo haré por primera y única vez en el artículo: Al borde del peligro está un escalón por debajo de Laura, no les voy a engañar, pero para que se imaginen lo pequeño que es ese escalón, solo decirles que esta lleva un 8 de nota, mientras que Laura llevaba un 9. 

Where the Sidewalk Ends, Al borde del peligro, Otto Preminger

Estamos ante un trabajo muy completo, una historia sobre una constante huida de su personaje principal, terriblemente marcado por la huella que en el dejó su padre, huella que lucha por borrar sin éxito en el desempeño de su trabajo. El guión escrito por Ben Hecht, que adapta la novela Night Cry de William L. Stuart, aunque con alguna pequeña laguna casi inapreciable, tiene todo lo necesario para enganchar al espectador desde un primer momento: un ritmo excelente, unos personajes perfectamente definidos y grandes dosis de intriga, algo nada sencillo de conseguir cuando desde la misma lectura de la sinopsis ya sabemos quien es el culpable del desafortunado crimen.

Pero es ese detalle el que hace al realizador jugar con el espectador, que en todo momento ve a su protagonista a un solo paso de ser descubierto, atrapado entre la necesidad de librarse del enorme problema por el que sin duda acabaría encerrado de por vida y la carga que pesa sobre su conciencia por ver como un inocente es acusado de un crimen que no ha cometido. La labor de Otto Preminger es realmente brillante, tanto en la dirección de actores como en la forma en la que plasma la historia, dosificando la intriga y la tensión que esta derrocha de forma sublime. Quizás sea su final un tanto precipitado, e incluso puede que algo previsible, pero la verdad es que funciona muy bien y deja muy buen sabor de boca, por lo que yo lo veo bien así.

Como en cualquier film noir que se precie, la fotografía tiene mucho que decir a la hora de crear la ambientación apropiada. De esta se encargó el brillante Joseph LaShelle (Alfred Hitchcock presenta, El largo y cálido verano, El apartamento, Laura), que nos regala multitud de imágenes de una belleza incuestionable. Dominan las escenas nocturnas y la escasez general de iluminación, en un impoluto blanco y negro tan característico del género. El correcto montaje fue obra de Louis R. Loeffler, mientras que la banda sonora fue encargada a Cyril J. Mockridge (De ilusión también se vive, Laramie, El hombre que mató a Liberty Valance), que realiza un trabajo correcto y bien utilizado durante la película, pero que no es uno de los aspectos mas destacables de la misma.

Where the Sidewalk Ends, Al borde del peligro, Otto Preminger

El reparto elegido para la ocasión es uno de los grandes aciertos de la película, no consiguiendo recordar el que aquí escribe un solo actor o actriz que desentone lo mas mínimo en toda la película. La química existente entre Dana Andrews, que da vida al atormentado detective Mark Dixon y Gene Tierney, que hace lo propio con la dulce Morgan Taylor, queda fuera de toda duda, algo que ya pudimos comprobar en Laura, él como uno de los mejores exponentes del género de su época y ella con una belleza y un magnetismo rara vez visto. Junto a ellos destacan Gary Merrill como Tommy Scalise, un delincuente al que Mark acosa habitualmente con el fin de conseguir meterlo entre rejas, Bert Freed como el detective Paul Klein, compañero de Mark, Karl Malden en el papel de Thomas, el nuevo jefe del departamento y Tom Tully como Jiggs Taylor, el padre de Morgan, aunque podría seguir hasta agotar el reparto.

Conclusión: Al borde del peligro es una de esas maravillosas sorpresas que este arte me sigue dando de vez en cuando. Cree uno que lo ha visto casi todo y topa con un producto de una calidad indiscutible, muy poco conocido por el gran público, algo que no llego a explicarme. Su guión, que te atrapa desde el primer instante, la maestría de Preminger para llevarlo a la gran pantalla, una excelente fotografía y un reparto que brilla con luz propia hacen de este título una obra muy, muy completa, que no puedo mas que recomendarles. No puede uno fiarse solo de la popularidad de un trabajo, porque si fuera así me hubiera perdido multitud de joyas como esta, que aguardan sin hacer ruido a que los apasionados de este arte se dignen a disfrutarlas. Si tan solo consigo que las conozcan unos pocos mas, ya me doy por satisfecho.


tomado de espinof

Los grandes directores del cine tienen siempre en su haber una serie de títulos cosiderados “menores”. A veces, equivocadamente, ese término va asociado con la poca fama de la película, y otras, porque se esperaba más de ellas, pues suelen pertenecer a directores encumbrados. Podemos decir, por ejemplo, que ‘El Proceso’ es una obra menor de Orson Welles, o que ‘Tres Padrinos’ es una obra menor de John Ford. Es curioso, no existe termino en el caso contrario. Nadie dice: ‘Un Plan Sencillo’ es una obra mayor de Sam Raimi, o ‘Superman’ es una obra mayor de Richard Donner.Otto Preminger, desde luego era uno de los más grandes. Firmante de alguno de los clásicos indiscutibles del cine negro, como ‘Laura’ o ‘Angel Face’. En ocasiones colaboró con él, Saul Bass, quien realizó los títulos de crédito de algunas de sus películas, como ‘El Hombre del Brazo de Oro’ o ‘Tempestad sobre Washington’, que se han convertido en inmortales, superiores incluso a los que hacía para Hitchcock. ‘Al Borde del Peligro’ es una de sus películas menos conocidas, realizada en 1950, y donde volvió a reunir a la pareja protagonista de su más famoso film, ‘Laura’, Dana Andrews y Gene Tierney.

Mark Dixon es un policía con métodos violentos que un día mata por accidente a un sospechoso de asesinato, de quien sabe que es inocente. Temeroso de que no le crean, decide crearse una coartada, e idea un plan para que no le involucren en el asesinato, mientras intentará desenmascarar al verdadero asesino. Un carrera contra reloj que puede costarle la vida.

El film, que dura 90 minutos, va directo al grano, y durante todo ese tiempo no ofrece respiro al espectador. Hay situaciones de infarto, como pocas veces se ha visto en una película, y todo ello narrado de forma maravillosa por Preminger, quien además propone una cuestión moral bastante interesante al final de la película, arriesgada escena, que da la sensación de que va a acabar de un forma, no siendo así. Lo cual hace que nos planteemos las motivaciones del personaje, preguntándonos si nosotros hubieramos hecho lo mismo. Una vez más, Preminger vuelve a demostrar que el cine negro era un género en el que se movía como pez en el agua. Con un excelente guión de Ben Hetch, en el que todo cuadra, se centra sobre todo en el personaje de Dana Andrews, protagonista absoluto del film. Andrews nunca fue un gran actor, pero aquí su inexpresividad le viene de perlas al papel, y es aprovechada al máximo por Preminger, quien para nuestra sorpresa, relega a un segundo plano a Gene Tierney, en un papel que se queda por debajo de sus enormes posibilidades como actriz. Eso sí, las veces que aparece, sigue desprendiendo un enorme magnetismo, capaz de enamorar a todo bicho viviente.

Otro de sus aciertos es el uso del escenario fílmico, tanto en las escenas de interiores, donde los personajes se mueven por el encuadre de forma magistral. Atención a todo lo que acontece relacionado con el personaje de una ancianita, que puede haber sido testigo de algo. La acción se desarrolla a pocos metros de la ventana de su casa, dentro de su casa, y otra vez fuera. En tres tiempos distintos, y cambiando de personajes, Preminger da una lección de suspense con pocos elementos. Por no hablar de la enorme sencillez con la que están resueltas otro tipo de secuencias igual de impactantes. Y también las escenas en exteriores, en las cuales se respira la opresión de la gran ciudad, el tumulto, el humo, en algunos momentos, y la quietud de la noche en otros. Elementos que forman parte de las características del buen cine negro.

Y nombrar, como no, a Karl Malden, uno de los más grandes secundarios que haya tenido el cine, capaz de interpretar cualquier tipo de papel. Aquí interpreta al Teniente de la Policía que lleva el caso, capaz de hacer deducciones increíbles, aunque equivocadas desde cierto punto de vista, cosa que le toca plantearse al espectador, quien asiste como un testigo más, aunque que con ventaja, ya que conocemos todos los actos. El espectador siempre es un testigo externo en todas las películas, pero pocas veces se le ha involucrado de una forma tan ingeniosa y bien mostrada como en ésta.

Por muy menor que sea en la carrera de Preminger, se trata de un film magistral, admirable en todos sus aspectos, y disfrutable de principio a fin, como solo el buen cine hace disfrutar. Aunque en este caso, hablar de buen cine es quedarse corto.


tomado de lasmejorespeliculasdelahistoriadelcine

Mark Dixon (Dana Andrews) es un conflictivo policía marcado por el fuerte carácter de su padre, un fuera de la ley y, acostumbrado a ejercer hábitos policiales no muy ortodoxos a la hora de arrancar confesiones a sus sospechosos. En el transcurso de una investigación, accidentalmente, hiere de muerte a un sospechoso y oculta el crimen, decidiendo cargar la culpa a Scalise, un mafioso. Un taxista es acusado como presunto autor del asesinato. Y mientras tanto, Marx se enamora de su bella hija (Gene Tierney). Con guión de Ben Hetch(“Extraños en un tren (1951)“, “La soga (1948)“), Robert E. Kent (“Almas desnudas (1949)“, “La Torre de Londres (1939)“), Frank P. Rosenberg (“El rostroimpenetrable (1961)“, “Brigada Homicida (1968)“) y Víctor Trivas (“El extraño (1946)“) la película está basada en una novela de William L. Stuart y en mi opinión, una de las cintas menos conocidas y más olvidadas de Preminger y calificada como obra menor, aunque yo creo que no lo es en absoluto. Quizá la razón sea que Dana Andrews, Tierney y Preminger ya habían rodado la magnífica “Laura (1944)” y, aquí, las comparaciones eran inevitables. Añadir también, que el propio protagonista (Andrews) la obviaba siempre de su biografía, aduciendo que no recordaba nada. No sabemos si lo hizo para olvidar al temible y despiadado director austriaco, al que apodaban entre la profesión “Otto el terrible” por su endiablado carácter despótico, el cual lo dirigió en varias ocasiones, o porque el estado de alcoholismo en el que se encontraba, se lo impedía. En cualquier caso, la película consigue una muy conseguida atmósfera noir, gracias al buen hacer de Joseph La Shelle (“Laura (1944)“. “El apartamento (1960)“) en la fotografía de magnífico blanco y negro, tanto por las sórdidas callejuelas nocturnas de la ciudad de Nueva York, como por los interiores perfectamente encuadrados. 

al borde del abismo

Preminger, a pesar de mantener a alto nivel la intriga y el suspense, nos regala planos largos de movimiento pausado de magnífico encuadre, así como unos primerísimos planos de sus protagonistas. El casi siempre inexpresivo Andrews, aquí le sirvió mejor que nunca para un rol de agente de la ley violento, pero marcado por la amargura y el sentimiento de culpa. Gene Tierney, bellísima, aunque aquí no tiene demasiado margen de lucimiento. Para ambos fue su quinta película juntos y secundados por el gran Karl Malden, como teniente de policía, sólido y solvente como siempre. Al borde del peligro es una magnífica película del género, una historia impecablemente narrada en noventa y un minutos de un crimen, del sentimiento de culpa.:-“Inspector, no tuve el valor para decirle esto mientras estaba con vida porque no quería acabar como el hijo de Sandy Dixon. Así me llaman todos los delincuentes de Nueva York: el hijo de Sandy Dixon y, también mis compañeros a mis espaldas. Quería acabar como un policía y eso es lo que voy a hacer. Yo maté a Keneth Paint; fue un accidente, yo había ido a detenerle, me pegó y le respondí. ¿Cómo iba a saber que tenía una placa de metal en el cráneo? Reaccioné como si fuese un bandido, por la sangre que llevo en las venas.” Una historia, una dicotomía de lucha interior entre mostrar la verdad y expiar todos los pecados cometidos por él mismo y por los del padre o, decidir ocultándola por amor y, sobre todo, de redención, no sin proponer al espectador, por ello, una cuestión moral. ¿El fin justifica los medios?

al borde del abismo


Seis años después del enorme éxito obtenido con LAURA, Otto Premingerreunió de nuevo a Gene Tirney y Dana Andrews en esta pequeña joya del cine negro.

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Mark Dixon, un violento policía neoyorkino, mata accidentalmente a un sospechoso, Ken Paine, durante un interrogatorio rutinario. Espantado por lo que ha hecho, Dixon trata de achacarle el crimen a su más contumaz enemigo, Scalise, uno de los reyes del hampa, al que lleva persiguiendo durante años. Pero la entrada en escena del suegro del difunto, Jiggs Taylor, un simpático taxista, altera la situación de tal modo que éste acaba convirtiéndose en el principal sospechoso del asesinato. Dixon, desesperado, intenta por todos los medios convencer a sus superiores de la culpabilidad de Scalise, en parte porque no quiere que un inocente pague por un error suyo, y en parte también porque se ha enamorado de Morgan, la bella hija del taxista y ex esposa del fallecido. El atormentado policía lo intentará todo para salvar al padre de Morgan, a quien parecen señalar como culpable todas las pruebas. Pero todos sus esfuerzos resultarán inútiles, y para evitar que el padre de la mujer que ama acabe sus días entre rejas, Mark tomará una terrible determinación.

Considerada aún hoy una cinta menor del maestro Preminger, AL BORDE DEL PELIGRO posee, no obstante, suficientes méritos para ser calificada casi como una obra maestra, un perfecto ejemplo de cine negro americano en su acepción más pura.

Si en LAURA el protagonismo se repartía, casi a partes iguales, entre Gene Tirney, Clifton Webb y Dana Andrews, aquí es éste último quien carga con el peso del relato. Nadie mejor que el hierático pero genial Andrews para dar vida a este sanguinario policía de métodos nada ortodoxos y mano demasiado larga. El personaje de Mark Dixon es psicológicamente más complejo que el que Andrews interpretó en LAURA. El teniente Macpherson era escéptico, algo cínico y duro como el pedernal, como corresponde a todo buen polizonte de serie negra; pero tenía los conceptos claros y carecía de cualquier limitación psicológica. Mark Dixon, por el contrario, es un hombre atormentado. Su padre fue un delincuente habitual que acabó sus días acribillado a balazos. Mark ha luchado toda su vida por llegar a ser un hombre mejor que su padre. Por eso se hizo policía. Pero el estigma familiar parece perseguirle como una maldición, o al menos eso cree él. Dixon está acomplejado por ser el hijo de un criminal, y es por eso que trata a los delincuentes con excesiva dureza, razón por la que ha sido amonestado por sus superiores en numerosas ocasiones. Está convencido de que, a pesar de ser un buen policía, tanto para los hampones como para sus compañeros del Departamento él será siempre el hijo de Sam Dixon, y eso le quema la sangre. La bestia negra de Dixon es Tommy Scalise, un poderoso gangster al que odia a muerte porque en el pasado tuvo negocios con su padre. Mark ha hecho de la captura de Scalise una cuestión personal, y conforme avance el metraje de la película comprobaremos que está dispuesto a hacer lo que sea con tal de acabar con él.

Dixon es uno de los personajes más sórdidos que ha dado el cine negro, un lobo solitario que vive única y exclusivamente para su trabajo y que no tiene vida social de ninguna clase. Lo único afectivo que parece haber en su vida es la amistad de Martha, la dueña del pequeño restaurante en el que hace sus comidas, una mujer a la que libró de un marido que la maltrataba. Su relación con su compañero, Klein, tampoco es especialmente buena. Son polos opuestos. Paul está felizmente casado y se rige por el reglamento del Departamento; Mark actúa impulsivamente, lo que le causa no pocos problemas. En cuanto a su superior, el inspector Foley, sabe que Dixon es un buen policía, pero no está dispuesto a pasarle ni una más, y así se lo hace saber; otra queja sobre su comportamiento y lo apartará del servicio. Es el temor a perder su trabajo, la única razón de su existencia, lo que impelirá a nuestro protagonista a ocultar la muerte que ha provocado involuntariamente. Pero cuando las pruebas se acumulan contra el simpaticote y parlanchín taxista, los remordimientos comenzarán a hacer mella en el ánimo del policía; remordimientos que se acrecentarán cuando descubra que se ha enamorado de Morgan Taylor. Por amor a ella, Mark lo intentará todo para salvar a Jiggs de la acusación de asesinato. Llegará incluso a gastar todos sus ahorros, y a pedir dinero prestado a su compañero, para contratar al mejor abogado de Nueva York para que defienda a Jiggs Taylor. Pero las pruebas contra éste parecen tan contundentes, que incluso ese prestigioso letrado rechaza el caso. Y éste será el punto de inflexión que obligará a Mark Dixon a adoptar una draconiana decisión. Confesará su crimen para exonerar al padre de su amada, y sacrificará su vida para poner fuera de la circulación a Scalise y su banda de malhechores. Las cosas, no obstante, acabarán saliéndole bien a nuestro protagonista, que conseguirá atrapar a Scalise y compañía sin perecer en el intento. Ahora puede dejar que el mafioso cargue con la muerte de Paine y quedar como un héroe ante el Departamento y la mujer que ama. Había escrito una carta, dirigida al inspector Foley, en la que confesaba lo ocurrido en el apartamento de Ken Paine, misiva que su superior debería abrir en el caso de que él muriera. Como no ha muerto, Foley se la entrega sin abrir, pidiéndole que la destruya. Dixontiene, pues, una oportunidad de oro para hacer borrón y cuenta nueva de tan sórdido asunto. Pero su conciencia de policía honesto, y el profundo amor que profesa a Morgan, le empujan a pedir al inspector que abra la carta y la lea. Es mucho lo que se juega, pero quiere hacer lo correcto, aunque eso signifique perder su trabajo y el amor de la muchacha. Y así, el inspector Foley y Morganconocen la verdad de lo ocurrido. Pero en contra de lo que Dixon esperaba y temía, la joven se reafirma en sus sentimientos hacia él, y su superior, aunque se ve obligado a arrestarlo, se compromete a ocuparse personalmente del asunto. Y de este modo concluye el film, con algo más que un atisbo de esperanza para un hombre que, por fin, se ha librado de sus demonios interiores.

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Aparte de la genial interpretación de Andrews, tal vez la mejor de su carrera, destaca el estupendo elenco de actores que le dan la réplica. Gene Tirney está espléndida, como siempre. Si en LAURAera la protagonista principal, aquí su rol es casi secundario, pero en todas y cada una de sus apariciones sigue encandilando al espectador masculino con su subyugante belleza y su talento interpretativo. El personaje de Morgan Taylor es muy distinto del de Laura Hunt. Laura era una alta ejecutiva publicitaria en un mundo de hombres, una mujer elegante y distinguida, poseedora de una belleza casi irreal, que se movía en la alta sociedad neoyorkina como pez en el agua. Morgan es una chica normal, muy bella eso sí, que se gana la vida modestamente como modelo y que ha tenido un matrimonio desgraciado. La Gene Tirney de AL BORDE DEL PELIGRO se nos antoja, por tanto, una mujer mucho más realista que la de LAURA, y es una pena que Preminger no potenciara más su participación en la trama.

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En los papeles del teniente detective Thomas y de Tommy Scalise tenemos a dos de los más grandes actores característicos del cine americano: Karl Malden y Gary Merrill. Malden ofrece una más que correcta interpretación del teniente de homicidios de mente ágil y despierta, capaz de encadenar datos aparentemente inconexos hasta llegar a una conclusión que parece la acertada, aunque no lo sea. En descargo de Thomashay que decir que Dixon lo ha preparado todo tan bien, que hasta el mismísimo Sherlock Holmes podría haber llegado a sus mismas conclusiones.

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En cuanto a Gary Merrill, pocas veces hemos visto en un film un gangster tan logrado como Tommy Scalise, un hampón de los de toda la vida, que a fuerza de puro malo acaba cayéndonos casi simpático. Siempre con un punto de chulería, una cínica sonrisa en los labios y un inhalador nasal que se aplica cada poco, Scalisese revela como uno de los villanos más perfectos del cine negro americano. Decididamente, su interpretación habría merecido un Oscar.

El resto del reparto no les va a la zaga a los actores principales. Tom Tullyborda su papel de taxista dicharachero, que siempre anda llevando a personalidades importantes en su taxi. Robert F Simon da vida, por enésima vez, a un recto jefe de policía, preocupado tanto por el bienestar de sus hombres como por el respeto a las normas establecidas. Ruth Donnelly es Martha, la única persona con la que el amargado Dixon tiene una relación normal. Y Neville Brand, inconfundible con su cara de matón sempiterno, interpreta a Steve, uno de los hombres de confianza de Scalise; un tipo que, a pesar de su aspecto de chulo pendenciero, tiene la cabeza en su sitio, pues en una escena impide que su jefe cometa el terrible error de asesinar a un policía a sangre fría. Todos estos actores, y otros muchos que desfilan por los noventa minutos de metraje, contribuyen a hacer de AL BORDE DEL PELIGRO una de las mejores películas del maestro Preminger, a pesar de que, como ya se ha dicho, esté considerada como una película menor en la producción del realizador vienés.

La espléndida fotografía en blanco y negro de Joseph La Shelle contribuye a acentuar los aspectos más sórdidos de la historia. La acción del film transcurre esencialmente de noche, lo que permite a La Shelle jugar con las luces y las sombras a su antojo, proporcionándonos una visión en cierto modo sucia, por lo realista, del ambiente nocturno del Nueva York de los años 50. En cuanto a la música, obra de Mockridge y Newman, complementa a la perfección el desarrollo del film. Es de destacar la melodía que se escucha en esa escena en la que Mark, tras redactar su confesión, besa en la frente a la dormida Morgan y parte a su encuentro con Scalise. Esta melodía fue empleada posteriormente en numerosas películas y programas de televisión.

AL BORDE DEL PELIGRO lo tiene todo para satisfacer al cinéfilo más exigente. Disfrutemos de esta excepcional cinta, obra menor, si se quiere, del gran Preminger, pero no por eso desdeñable.


tomado de elseptimoarte

Al tiempo que un compañero que empezó a la vez que él asciende a teniente (Karl Malden), el detective de Nueva York Mark Dixon (Dana Andrews) recibe una bronca de su jefe porque se le va la mano con los delincuentes a los que interroga o detiene y eso hace que se reciban muchas denuncias sobre él por su brutalidad. Por ello, su jefe le advierte de que como vuelva a las andadas lo va a degradar y a ponerlo de nuevo a patrullar las calles.

Esa noche, en una timba de dados, muere un hombre de un navajazo y Dixon se hace cargo de la investigación del caso. Interrogando a un sospechoso, lo mata accidentalmente, pero como acaba de ser advertido por su jefe, decide ocultar el cuerpo. la cosa se complica cuando el cuerpo aparece y resulta sospechoso del asesinato un hombre completamente inocente.
Yo creo que todo el mundo, empezando por mí mismo, comente el error de comparar esta película con otra. En cuanto ves los nombres de Preminger, Andrews y Tierney juntos, ¡zas!, sale Laura. Pero las comparaciones no suelen ser buenas y si comparamos ambas películas, “Al borde del peligro” sale perdiendo, y buena culpa de ello lo tiene el que en esta ocasión a Gene Tierney le falta ese “halo” de misterio que envolvía a Laura, aunque sigue estando igual de bella. Sin embargo insisto, creo que compararlas es un error, y que por ello esta película está injustamente infravalorada.

No es que sea una historia originalísima, pero está bastante bien hilvanada y contada. Cuenta con bastantes secuencias impactantes que a pesar de estar filmadas de una forma sencilla consiguen atrapar e interesar al espectador en lo que está sucediendo, de un modo eficaz que no en vano Preminger era un gran profesional, y lo hace sin cámaras cenitales, traveling ni otras zarandajas, simplemente filma lo que está ocurriendo y nos lo muestra como si nosotros lo estuviéramos viendo a través de una ventana. Y funciona.

Además, toda la película tiene una gran “atmósfera”, y eso es obra del excelente trabajo del fotógrafo Joseph LaShelle, que ya trabajó con Preminger en la ya mencionada “Laura” y dejó su saber hacer en películas como  El apartamento.             

En cuanto a interpretaciones, para mí el mejor es Karl Malden. Es curioso que este hombre se hiciera mundialmente famoso con la serie de televisión “Las calles de San Francisco” donde interpretaba junto a un jovencillo Michael Douglas a un teniente de policía, un papel que había realizado antes en muchas películas. Pero si miras su filmografía, descubrirás que este hombre tenía un gran olfato a la hora de elegir trabajos y que, en general, siempre cumplía con creces, a pesar de que nunca lograra llegar a ser una gran estrella.

Sin embargo el protagonista absoluto de esta película es Dana Andrews, que a mí nunca me ha parecido un gran actor porque lo encuentro demasiado inexpresivo. Y eso es, justamente, su inexpresividad, lo que le viene como anillo al dedo para esta película. Eso, y que Preminger logra un gran trabajo de él en los primeros planos sobre su rostro, consiguiendo que sus ojos no resulten tan ausentes y sepa hacernos llegar con su mirada sus sentimientos y lo que está pensando. Andrews está muy bien en esos primeros planos, silenciosos y, algunos, de bastante duración.

Gene Tierney está bellísima, como siempre. No tiene un papel estelar pero se nota que la cámara de Preminger se enamora de ella cada vez que enfoca su dulce  y atractivo rostro.

Un punto a su favor es que no es una película larga. Para la historia que se nos cuenta tiene una duración ajustada. Hay poca música en ella, pero cuando la hay resulta discreta y apropiada. No escucharemos una voz en off ni tenemos mujer fatal. Tampoco hay ambientes sórdidos ni juego de luces y sombras si no que, al contrario, resulta bastante luminosa a pesar de que casi todo transcurre de noche. Todos ellos son detalles bastante originales para ser una típica película de cine negro.

Quizá lo peor sea su final. El remate final, eso que puede hacer que una película sea una obra maestra pero que también puede lograr que se quede en una película más. Y eso es lo que pasa en esta película, que el final desmerece bastante del resto. Aún así, su final consigue una última reflexión moral del espectador, al menos lo consiguió conmigo, y es que nos preguntemos ¿yo habría hecho lo mismo?

En definitiva, que para mi gusto a la película le falta “algo” para resultar redonda, quizá un poco más de tensión, el crear un poco más de ansiedad en el espectador. Un “algo” que la haga cruzar esa línea que distingue a una película simplemente buena de una obra excepcional. No tiene un ritmo vibrante, pero sí constante. No es una gran historia, pero tampoco es mala y está bien trenzada y contada. No es una película maravillosa que nadie debe perderse, pero resulta interesante y está entretenida, y es de Preminger, un director que pocas veces defrauda.


tomado de via-news

Esta es una de esas películas que no son muy conocidas, que nadie señala en las enciclopedias de cine y que ni siquiera los cinéfilos incluyen en sus listas de preferidas, pero que hacen grande la filmografía de un director o a un género, en este caso a Otto Preminger y el cine negro.

Otto Preminger es un gran director de policiaco y cine negro, como demuestran títulos como “Cara de ángel”, “Anatomía de un asesinato” o “Laura” y también es el responsable de otras grandes películas como “Río sin retorno”, “El hombre del brazo de oro”, “Éxodo”, “Carmen Jones” o “El cardenal”.

“Al borde del peligro” se basa en la novela “Night cry” y repite la pareja protagonista de “Laura”, Dana Andrews y Gene Tierney y aunque es un título menor o, como poco, menos intenso que aquel, mantiene la elegancia en la puesta en escena con una atmósfera muy apropiada, lograda en gran parte por el director de fotografía, Joseph Laselle, también responsable de la de “Laura”.

El argumento de la película gira en torno a Max Dixon (Dana Andrews), un policía degradado por sus malos modos con los delincuentes en la ciudad de Nueva York, que se topa con una difícil situación cuando un caso se le complica en el preciso momento en que ascienden a un nuevo teniente (Karl Malden). No doy más detalles del argumento para que cada cual lo descubra por sí mismo, pero sí decir que, como es habitual en el género el protagonista se ve atrapado en un dilema ético y tiene que hacer auténticos equilibrios en la cuerda floja que separa lo correcto y lo incorrecto, lo que está dentro o fuera de la ley.

Sin duda lo mejor de la película es su desarrollo narrativo, perfectamente ajustado, interesante y significativo en todo momento. Por explicarlo llanamente no falta ni sobra nada, la película tiene un metraje idóneo (hora y media) y en cada escena y cada toma se da la información precisa que como espectadores necesitamos para seguir la trama. Y por supuesto, el dilema moral, es el fuerte de la película y del género ¿Qué haríamos nosotros en el caso de encontrarnos en la situación del protagonista?

No funciona tan bien la película en algún otro aspecto, en concreto no me convence del todo la relación entre Morgan Taylor (Gene Tierney) y Max Dixon, es como si le faltara intensidad y el componente puramente dramático quedara aliviado; quizás porque el guión no desarrolla adecuadamente las escenas entre ellos o porque los actores no están a la altura de otras ocasiones (en este sentido creo que el recuerdo de “Laura” les perjudica aunque a decir verdad, Dana Andrews, con una actuación algo inexpresiva consigue no obstante, que su personaje nos enternezca de algún modo), el caso es que lo puramente policiaco es superior al resto. Y con esto sólo pongo un “pero” que evita que hablemos de la enésima obra maestra del género.

En cualquier caso es una buena película, injustamente olvidada, y que conviene reivindicar por lo bien  desarrollada, por la atmósfera que se respira en ella, por la magnífica presentación de ambientes y personajes (fabulosos todos los secundarios), por lo bien desgranados que están los acontecimientos y por la excelente planificación de tomas (destacar en este sentido los magníficos primeros planos y lo bien que se sitúa la cámara en todo momento como cuando se ve entrar el coche en el ascensor o se indica que una casera no llega a ser fiel testigo porque se encuentra dormida).


tomado de neokunst

Otto Preminger es conocido en la historia del cine por su magnífica película Laura, rodada en el 1944. Sin embargo, el director de origen Alemán no se quedo estancado, y en estos últimos años su figura ha sido dignificada como merece, y es que además de rodar una obra maestra del cine negro como la ya citada, en su haber encontramos también películas como Anatomía de un Asesinato (1959) o la que nos ocupa a continuación, rodada nueve años antes, Al borde del peligro.Es cierto que la película tiene muchas relaciones con Laura, pero no debe verse al borde del peligro, como un simple apéndice de aquella película, sino que la obra mantiene una propia singularidad que la hace brillar como una de las películas más originales del cine negro, así como una de las más minusvaloradas.

Y es que tipos duros en el cine negro ha habido siempre, y forman una constante inevitable de aquel cine, pero el argumento de la película de Preminger nos propone cambios y diferencias que valen la pena remarcar. Nuestro protagonista principal es un policía, pero no uno cualquiera, sino un tipo muy personal, interpretado por Dana Andrews (al igual que en Laura, Preminger repite su pareja protagonista, con Gene Tierney y Dana Andrews). Dana Andrews nos recuerda en su interpretación a personajes que se tratarían con muchos años de posterioridad en el cine, como Harry el sucio de Don Siegel y en las sagas posteriores de dicho policía, que interpretaba de manera mítica Clint Eastwood. Y es que la justicia que propone el film es un tema controvertido, y se muestra un mundo donde muchas veces esta fracasa por la incompetencia de unos policías que deben tener cuidado con la ley, respetando de manera ciega los largos procesos que esta tiene. Dana Andrews representa precisamente un hombre que se deja llevar totalmente por su ira, y que no tiene reparos en quebrantar la ley si de esta manera es capaz de cumplir su propio precepto de justicia. Así pues, a diferencia de otros personajes principales que si es cierto que se pasan de duros (sólo tenemos que recordar los papeles de Humphrey Bogart) nos encontramos con un protagonista que directamente la incumple. De hecho, el eje motor de la película es precisamente un ocultamiento de asesinato (involuntario) que nuestro personaje comete.

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En esta ambigüedad moral es donde reside realmente todo el valor de la película. Las líneas de la maldad y de la moral quedan diluidas en una película que utiliza de manera muy inteligente sus recursos y sus personajes. El espectador no sabe exactamente qué actitud tomar ante su personaje protagonista, porque si por una parte siente compasión por él (en la parte final de la película se revela que su padre trabajó para el asesino que intenta encarcelar constantemente, con lo que finalmente llegamos a entender la manía y la obsesión que siente) y sentimos pena por un hombre que se siente sólo y en cierta medida maltratado por la vida, también nos repelen sus formas y su actitud violenta hacia los criminales.

Es más que significativo el final, que pone broche al discurso que la película ha ido generando durante todo su metraje. Dana Andrews tiene la oportunidad de cargarle el muerto a un criminal, con lo que la historia acabaría y su acto no pasaría a la luz. En ese momento la cámara casi congela su rostro y el espectador llega a ver todo lo que está pasando por su cabeza en esos precisos momentos. También el espectador sufre con él, porque no sé decide al igual que nuestro protagonista si por decir la verdad o callarse la mentira. Al igual que una de las secuencias de la célebre película del Violinista en el tejado (1971), el rostro de nuestro protagonista se queda absolutamente congelado, en espera de una respuesta.

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Por supuesto, la pareja de actores cumple de manera sobrada el papel. Sí Dana Andrews representa el papel de personaje humillado y cerrando en sí mismo por todas las heridas que le ha causado la vida, el papel de Gene Tierney representa justamente el contrario, ofreciendo una cara amable que sirve como contrapunto, no sólo ya para el sustento sentimental de Dana Andrews, sino también como contrapunto a la película.

Preminger realiza además una dirección que resulta muy eficiente. Para la memoria quedarán los contraplanos muy agresivos con los que decide rodar muchas de las conversaciones a rojo vivo entre el propio sector de la policía, así como uno de los pocos claroscuros que muestra la película, en el momento en que uno de los sospechosos es detenido y se presenta su interrogación. La cámara encuadra magistralmente a la cabeza de los dos personajes en un rango de jerarquización (la cabeza del policía por delante) mientras la oscuridad rodea parte de sus caras.

Al borde del abismo es una película muy singular. Se aleja de los estereotipos en muchos momentos para formar una película que tiene una idiosincrasia muy personal y que la aleja de otras películas del cine negro.


tomado de elcinedesolaris

En el cine de Otto Preminger los límites, de juicio, de discernimiento, se difuminan. La verdad se tambalea en un territorio movedizo. En ‘Al borde del peligro’ (Where the sidewalk ends, 1950), Dixon (Dana Andrews), es un hombre crispado, tendente a ser agresivo con los delincuentes, aunque de modo, y por causas, diferente a otro policía, el encarnado por Robert Ryan, en la posterior ‘La casa en la sombra’ (On dangerous ground, 1952). Este está al límite, ofuscado con una dinámica de trabajo, de vida, que le asfixia; en Dixon, hay otra raíz, que ha crecido torcida desde su pasado, que le ha condicionado ( y que iremos descubriendo a lo largo de la narración; o brotará cual liberación alquímica); además, detalle revelador, no somos testigos de esa violencia que ejerce Dixon (permanece en fuera de campo; como un fuera de campo, personal, tiene por resolver: el que influye en sus reacciones expeditivas). En la primera secuencia, Dixon es reprendido por su superior por las recurrentes denuncias sobre su comportamiento violento con sospechosos o detenidos (además, remarcando cómo eso no sólo ha impedido que ascienda en su trabajo sino que se le degrade, porque cualidades como policía no le faltan; en suma, se lo ha impedido él mismo).

 
 

Dixon matará accidentalmente a un sospechoso, Paine (Craig Stevens), cuando éste se resiste a la detención, y se golpea la cabeza contra el suelo. Dixon toma esa decisión que difumina los límites, entre el representante de la ley y el delincuente o criminal. Su deteriorada imagen, por su conducta violenta, y la, en cambio, ejemplar imagen del muerto, condecorado en la guerra ( y con amigos periodistas), le determina a ocultar el cuerpo, y establecer una escenificación (hacer pensar que el muerto cogió un tren para después arrojar el cadáver al río). Dixon se encuentra en ese ‘entre’ que tan bien se exploró en los más destacados ‘film noirs’, en el que ya no hay posiciones delimitadas. Dixon se encuentra enfrentado a, por un lado, actuar como un delincuente, intentando evitar, al ser parte de la investigación, que logren averiguar que él es el responsable de la muerte de Paine; pero, por otro, le puede la vena de policía, o de su sentido de la justicia, cuando el teniente Thomas (Karl Malden, bordando un policía obcecado, implacable y no muy perspicaz, en el que reincidirá en ‘Yo confieso’, 1952, de Alfred Hitchcock), piense, con convencimiento que, Jiggs (Tom Tully), taxista, y padre de la ex esposa de Paine, Morgan (Gene Tierney), es el asesino. Los escrúpulos,o remordimientos, de Dixon se desbordarán a medida que se vaya enamorando de Morgan.

 
 

Esa doble vertiente en la que se debate Dixon ( tan magníficamente reflejado en contenida interpretación de Andrews) se manifiesta en dos direcciones hacia el pasado. Por un lado, la que representa el gangster Scalise (Gary Merrill, que usa inhalador como años después el atracador que encarna Lee Marvin en la magnífica ‘Sábado trágico’, 1955, de Richard Fleischer) a quien intenta obstinadamente incriminar en el crimen,sabedor de que, a su vez, es responsable del crimen que había incriminado a Paine; pero en su determinación también subyace el hecho de que lo asocia con la verguenza de su propio pasado, ya que su padre estuvo asociado, en actividades delictivas, con Scalise. Es esa imagen residual, la de ser ‘hijo de su padre’, la que ha corroido a Dixon. Su agresividad con los delincuentes no era sino un desesperado intento inconsciente de borrar esa imagen del pasado, de desembarazarse de ese lastre, de esa ‘imagen infame’ que a él le ‘salpicaba’ (en lo que no deja de haber ecos de la persecución existente entonces de la ‘caza de brujas’: la violencia del que se debate con sus ‘fantasmas’); representaba la expresión de un rechazo: lo que no quería ver en sí mismo como posibilidad. Por otro lado, en ingenioso detalle de guión (obra de Ben Hecht, basado en ‘Night cry’, una novela de William L Stuart, adaptada por Robert E. Kent, Frank P. Rosenberg, and Victor Trivas), Dixon descubre que Jiggs le ayudó siete años atrás en la resolución de un caso, cuando conducía el taxi con el que persiguió y capturó a unos delincuentes. Tarda en recordarlo cuando Jiggs se lo evoca, como si ese olvido fuera el reflejo del olvido de una faceta crucial en sí mismo (el sentido de la justicia, la integridad). Es como si mirara a alguien que había dejado de ser, en otra vida.

 
 

A ese respecto, una de las mejores (y sutilmente elocuentes) secuencias es aquella en la que Dixon acude a casa de Morgan, tras ser apalizado por Carlise y sus secuaces, y se pregunta, aturdido y magullado, por qué ha ido allí, a casa de Morgan, tiene que haber ido por algo. La razón, lo que comienza a corroerle, encontrar el adecuado abogado de prestigio que asegure la liberación de su padre. Otra de las sutilezas de esta magnífica obra narrada con una precisión y fluidez, con un sentido de lo sintético, proverbial, es el detalle de que Dixon porte a partir de cierto momento un esparadrapo en la cara, aunque sea en distinta zona, como el hombre que mató accidentalmente ( como la culpa que arrastra). No deja de ser significativo, también, que el desenlace, o la resolución de su enfrentamiento con su ‘raíz torcida’, Scalise, se puede decir que como un gesto de autocastigo, sacrificial, tenga lugar en un elevador que ‘desciende’. Dixon se enfrenta a sus ‘fantasmas’, para enfrentarse a lo que pudiera haber sido, lo que rechazaba en su padre, allí donde termina la acera (Where the sidewalk endes) y comienzan los abismos en donde el caos reina, donde pierdes la conciencia y donde se oculta el cadáver de la integridad .

 

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