Escalera de caracol, La

Título en castellano La escalera de caracol
Titulo original The spiral staircase
Año de filmación 1945
Duración 83 minutos
Pais Estados Unidos
Director Robert Siodmak
Guion Mel Dinelli (Novela: Ethel Lina White)
Música Roy Webb
Dirección de fotografia Nicholas Musuraca
Reparto
  • Dorothy Macguire
  • George Brent
  • Kent Smith
  • Ether Barrymore
  • Rhys Williams
  • Rhonda Fleming
  • Elsa Lanchester
  • Sara Allgood
  • Gordon Oliver
Productora RKO Radio Pictures
Sinopsis Una joven muda (McGuire) trabaja en una gran mansión como criada de una anciana enferma. Cuando un asesino en serie empieza a aterrorizar al vecindario, la señora se preocupa por la seguridad de su bella sirvienta. De este film de suspense se dijo que Hitchcock no lo hubiera hecho mejor.
Premios  1946 nominada al oscar mejor actriz de reparto Ethel Barrymore
Subgénero/Temática
Asesinos en serie, Crimen, Thriller psicológico

tomado de filmaffinity

  • “Angustiosa cinta de suspense (…) consigue una atmósfera extraordinaria e inquietud.” 
    Jordi Batlle Caminal: Diario El País 
  • “Aunque su misterio es flojo, la solidez de los ángulos de cámara y las actuaciones hacen que sea una buena película (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)”
    David Parkinson: Empire 
  • “Es una producción fluida (…) bien interpretada y dirigida. El tono y el ritmo están bien establecidos y la historia atrapa durante todo el metraje.” 
    Variety 
  • “Es una de las películas menos interesantes de Siodmak” 
    Dave Kehr: Chicago Reader 
  • “Un producto de género que toca todas las bases pero que no deja más que una imagen en la memoria” 
    Adam Mars-Jones: The Independent 
  • “Reflexivo y perturbador, este thriller magistral está dirigido con pinceladas de auténtica genialidad por Robert Siodmak (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 5)” 
    Sue Heal: Radio Times 
  • “Dirigida con inteligencia por Robert Siodmak e interpretada con solidez por un excelente reparto, incluida Ethel Barrymore, es entretenimiento inquietante de calidad.” 
    Time 

Robert Siodmak, uno de esos alemanes que llegaron con una mano por delante y otra detrás a los Estados Unidos y se convirtió en los años 40 en un de los más reputados directores del panorama cinematográfico especialmente en el cine negro. Claro que como todo en la vida no puede acabar bien, terminó por salir casi como había entrado por la puerta falsa perseguido por el paranoico Comité de Actividades Antiamericanas. 

De su época dorada, podíamos citar varias películas, pero no cabe duda que “La escalera de caracol” es uno de sus títulos más significativos y que a mí particularmente más me atraen. 

Estamos ante una historia que homenajea el cine expresionista alemán, con grandes dosis de suspenses e incluso gotitas de terror, todo ello regado con el psicoanálisis tan vigente en el momento. El reparto francamente bien, con mención especial para una Dorothy McGuire en un papel de muda que no resulta nada fácil. 

Otro de los grandes atractivos es como Siodmak logra que aunque todo sea muy teatral, especialmente la unidad de espacio, no pierda un gramo de fuerza. 

A pesar de las inevitables imperfecciones típicas de la época, en cuanto a cierto infantilismo en algunas partes del guión, podemos asegurar que “La escalera de caracol” goza de una estupenda salud en la actualidad siendo su visionado casi imprescindible si se quiere hacer una retrospectiva de aquella década tan “negra”. 


Teniendo en cuenta la formación alemana de Siodmak, no es de extrañar la clara influencia del expresionismo alemán sobre la película, la cual se manifiesta principalmente en el empleo de los contrastes de luces y sombras y la exageración de los gestos de los actores en determinados momentos para intensificar la acción. Esto último es especialmente llamativo en las tres muertes que acaecen en la película. 
Aparte de por la estética considero interesante este trabajo por la gran actuación de Dorothy McGuire, tremendamente expresiva, pero sin sobreactuar (difícil en películas de este género), y consiguiendo algo realmente difícil: que la cámara se “enamore” de ella.
Y como punto débil, el recurso de los primeros planos del ojo del asesino, que prácticamente resuelven todas las dudas sobre la autoría de los asesinatos. Tampoco me ha convencido que la acción de los personajes en algunos momentos está al servicio del suspense; no actúan como por lógica deberían, y esto resta credibilidad. En este sentido yo sí pienso que “Hitchcock lo habría hecho mejor”.


tomado de zangolcine

“La escalera de caracol” (Robert Siodmak, 1945)

Clásico del cine de suspense en el que el expresionismo alemán con el que se formó estilísticamente Robert Siodmak le permite crear una atmósfera inquietante a partir de una gran casa donde una muchacha muda a causa de un trauma es acechada por un asesino.

Interesante como producto de suspense para cualquier noche cerrada lluviosa gracias a su potente juego de luces y sombras y su fascinante blanco y negro. Quizás no de miedo superadas ciertas edades, pero no es eso lo que interesa sino la forma en que el argumento penetra en la inquietante amenaza que sufre la protagonista.

Hoy vista su capacidad para aterrorizar no es tan grande como lo fue en su día puesto que ha sido superada por muchos títulos posteriores, pero como sucede con cualquier clásico, esta película es importante por lo mucho que ha influido en el cine posterior y por el impacto que tuvo en su momento.

Realmente se trata de una película criminal, con un asesino en serie que pulula por el argumento y del que conocemos únicamente su mirada insana, pero no su identidad. Cuando se estrenó se hablaba de ella en relación a lo que ya había estrenado Alfred Hitchchock indicando que el director británico no podría haberla hecho mejor.

Lo mejor de la película es sin duda cómo filma Robert Siodmak, cómo juega con la ambientación, como utiliza escenarios, luces, sombras, la lluvia y la tormenta o incluso la interpretación de los personajes para meternos en una situación en la que sabemos que en cualquier momento la protagonista va a verse en peligro.

Ya digo que hay películas que logran aterrorizarnos más y otras en las que la atmósfera es tan buena como ésta, pero verla no defrauda y permite asistir a los albores del mejor cine de terror.

MIS ESCENAS FAVORITAS  ¡¡¡NO LEER, CONTIENE SPOILERS!!!!

–         La película arranca con una escena en la que vemos como la gente asiste a proyecciones del cinematógrafo.

–         Robert Siodmak filma del asesino su ojo, su mirada, que es una de las tomas más inquietantes de la película y que utiliza cuando quiere que sintamos la amenaza del asesino sobre sus víctimas. Curiosamente sentimos más temor cuando vemos esta toma que cuando finalmente descubrimos la identidad del asesino.

–         Resulta sensacional la escena en la que vemos a Helen volviendo a casa de los Warren entre matorrales y de pronto se declara una tormenta. La llave se le cae al suelo, los rayos y truenos se incrementan, el cielo se oscurece, aparece una sombra tras los árboles y se le cae la llave….seguramente es uno de los momentos más logrados de esta película.

–         La escena en la que la criada roba la botella de cognac en la bodega lanzando la vela al suelo para despistar al profesor Warren.

–         El doctor tratando de que Helen recupere su voz provocándole un shock emocional sin éxito.

–         La mera presencia de la señora Warren (genial Ethel Barrymore nominada al óscar como secundaria por esta actuación) que ya de por sí es tan inquietante como cualquier juego de luces y sombras.

–         El momento en que Blanche baja a la bodega a por su maleta y todo lo que sucede a continuación.

–         La escena en la que descubrimos (a la vez que Helen) la identidad del asesino y cómo ésta escapa a continuación y trata de advertir al alguacil por una ventana.

–         Por supuesto, la escena final, la resolución de todos los hilos argumentales abiertos


tomado de losojosdellobo

¿Quién no ha ido en medio de la amenazadora soledad con un palo en la mano y lo ha hecho sonar pasándolo por una verja de hierro tan sólo para sentir compañía? Y eso lo hace Helen porque ella no puede pedir ayuda, no puede gritar, no puede llamar por teléfono, no puede decir “te quiero”, no puede más que moverse en el silencio al que le condena su mudez. Y por los alrededores ronda un asesino obsesionado por la imperfección física.
No es casualidad que Helen inicie la historia metida en una sesión de cine mudo mientras una inválida es asesinada sin piedad. Más tarde, el asesino la espiará a escondidas y, a sus ojos, Helen es un monstruo sin boca, un ser deforme al que hay que exterminar mientras en la mirada del psicópata se dibuja el horror de aquello que no puede ver. Pero es que en la mirada de la anciana Ethel Barrymore también hay un pozo de sentimientos que van desde el temor hasta la obsesión, desde la ternura hasta el horror…sólo que ella está postrada en cama víctima de una larga enfermedad. El asesino vive rodeado de seres deformes y sólo puede seguir ascendiendo en la espiral de rechazo y violencia en la que ha entrado a través de una escalera de caracol que surge del mismo infierno.
Unas manos se agarrotan sintiendo la inminente llegada de la muerte. En la oscuridad de un sótano es donde las sombras se camuflan con la única luz del ojo deformado por el horror. Porque el horror está dentro de los ojos con que miramos y estrangular es acallar los gritos de quien no debería vivir por pura imperfección…y eso lo piensa quien más debería morir porque es imperfecto en su carencia patológica de sentimientos como la piedad, la comprensión y el amor. Cuando prescindimos de todo eso…sólo queda matar.
“La escalera de caracol”, de Robert Siodmak, obra maestra del suspense y del horror interno, del ensañamiento contra el débil y de la certeza de que en toda flaqueza externa yace una fortaleza que sólo los que son débiles pueden poseer.


Voy a duras penas poniéndome al día, no de trabajo,(que parezco una revisión del mito de Sisifo, por más que hago siempre me encuentro todo sin hacer), sino0 de comentar alguno de tus magníficos post que me han ido quedando pendientes.
Tenía yo idea de que ya habíamos dado cuenta de esta “Escalera de caracol”, si no aquí, en el anterior blog o en el foro o tal vez en alguna charla chatera, pero en todo caso es un placer repescarla y leer tus esplendidos comentarios. 
A mí me apasiona esta película, que bebe en las fuentes del terror infantil, que al fin todos en mayor o menor medida hemos sufrido. Tenemos inicialmente ese hombre del saco ( el asesino real que es de temer), la vida durante el día es llevadera, la amenaza existe pero está difuminada, sin embargo llega la noche, la situación claustrofóbica, no podemos salir, no pueden ayudarnos, estamos indefensos, no pueden oírnos ( porque estamos mudos), estamos aterrorizados…El clima de suspense y terror de esta película es una espiral, como los giros de una escalera de caracol, comienza abierta y poco a poco se va cerrando sobre una víctima que cada vez tiene menos refugios…Es una película excepcional.
Y es que el cine ha aprovechado muchas veces la discapacidad de sus protagonistas para contarnos sus historias, las más de las veces haciendo referencia a su espíritu de superación, a sus esfuerzos por convertirse en “normales” cometiendo el error de tratarles como superhéroes. En algún caso, el esfuerzo que se valora es el del educador que consigue el “milagro” de dar una mayor calidad de vida al discapacitado. Hablamos hace mucho de los invidentes y hay casos recordables de minusvalía intelectual ( ¿Cómo es el termino políticamente correcto?) desde “Rain Man” a “Charly” pasando por “Yo no soy Sam” o “El pequeño Tate”, también hay muchos films con otro tipo de minusválidos, “Nacido el 4 de Julio”, “El regreso” o incluso “Max´s Bar”. 
Si recordamos in embargo, películas con personajes mudos o sordomudos, además de esta magnífica “Escalera de caracol”, habría que significar ese dramón de Jane Wyman-Channing “Belinda” más que notable folletín de la época. Por supuesto también uno se acuerda aunque intente olvidarlo ( a mi me parece una memez cinematográfica) de “Hijos de un Dios Menor” recompensando a una actriz sordomuda con un Oscar por hacer el papel de una mujer sordomuda ( inexplicable). Y también uno recuerda por una impresionante Anne Bancroft , “El milagro de Ann Sullivan”.
La mudez ha dado mucho juego en el cine, pero pocas veces ha sido tan elocuente como cuando un tipo nos hablaba con una bocina, que sólo podía ser traducida por el conocedor del código encriptado de sus sonidos, el tipo se llama Harpo y el traductor Chico Marx. El miedo de encontrártelos en una escalera, de caracol o no, es que te podían matar de risa.


No olvidemos al hermano mudo de “Mystic River”, de Eastwood. O la misma mudez fingida del protagonista de “Las cuatro plumas”, comentada recientemente, para evitar caer en la trampa de hablar un idioma que desconoce. De lo que no cabe duda es que de las minusvalías físicas (tengo que reconocer que tuve que hacer frente, en una ocasión, a un artículo que hablaba de minusválidos psíquicos y no tenía ni idea de cuál era la expresión más correcta. Concretamente era el de “Ángeles sin paraíso”, publicada en este blog), la mudez no es de las más explotadas aunque sí la ceguera. Es más, hay una versión moderna de “La escalera de caracol” en la que, de forma harto incomprensible, se cambió la mudez de la protagonista por una ceguera siendo interpretada por Jacqueline Bisset y secundada por Christopher Plummer, creo que dirigió Peter Collinson de una forma harto torpe y además se quedó peligrosamente anticuada por culpa de una estética setentera que echaba para atrás.
En cualquier caso, sí, de vez en cuando, rescato alguno de los artículos que había puesto en el anterior blog porque creo que pasaron un tanto desapercibidos y con esta película creo que fue así. Para mí es una película fascinante, una espiral que empieza en ese ojo que sólo ve deformidades y termina con la inquietante y ambigua mirada de ese pedazo de actriz como la copa de un pino que era Ethel Barrymore. Por cierto, el punto de unión del cine entre ceguera y mudez, sin duda, es esa obra maestra tan poco reconocida que tu nombras Carpet: “El milagro de Ana Sullivan”, qué estupenda película y qué pocas concesiones hace.
Abrazos variados por tus comentarios variados.


Recuerdo vagamente esa “escalera de Caracol” con la Bisset y Plummer, e incluso hace relativamente poco ( un año más o menos) vi una versión televisiva que obviamente está a años luz de esta maravilla.
Al comentar que repescaste el post del otro blog he echado un vistazo y me doy cuenta de lo mal que va mi memoria porque no recordaba ni la mitad de los post. Hay muchos impresionantes.
Y dándole vueltas a esta peli, en pleno insomnio, recordé un apunte de Chus a propósito de “El fantasma y la señora Muir” creo, sobre lo relevante que eran las escaleras en la película.
Y es cierto que las escaleras son un espacio de transición eminentemente cinematográfico, que casualidades de la vida, vengo yo con esa idea y Dexter nos coloca en su Gusmornins, la escena de la escalera de Odessa del “Acorazado Potemkim”.
Porque las escaleras se han usado para presentarnos personajes, elevándolos del resto de los mortales para dejarles impactados, reseñando su importancia, obligándonos a mirar. No es fácil bajar bien una escaleras, pero si lo haces bien las piernas se ven más bellas, de eso se sabe mucho en los musicales que las han utilizado siempre. Pocas veces bajar las escaleras fue tan sensual como cuando lo hizo la Stanwick con su pulsera de tobillo en “Perdición”. Joan Fontaine no tuvo tanta suerte cuando lo hizo en “Rebeca” aunque consiguió una gran conmoción con su aparición. Es una de las escenas recurrentes del cine de todos los tiempos, un baile, la aparición en lo alto de la escalera, todos se vuelven a mirar…et voilá, cest magnifique.
También la escalera ha sido usada como componente trágico (o cómico) ¿Cuantas escenas de caídas por las escaleras habremos visto en nuestra cinematográfica vida? Han caído estrellas y secundarios, han perdido hijos mujeres embarazadas, han muerto personajes, han tropezado, han sufrido un ataque al corazón previo a precipitarse escaleras abajo,…¿Recordamos alguna? Vivien Leigh en “Lo que el viento se llevó”, Meryl Streep en “La muerte os sienta tan bien” , hay muchos, de lloros y risas…Y mención aparte tendrían los asesinatos como el de Richard Widmark empujando a la anciana en silla de ruedas escaleras abajo…
Y otro asesinato con escaleras que se nos quedó grabado es el del detective de “Psicosis”, porque Hitch también disfrutaba con las escaleras como un enano y así nos regalo esa subida fascinante con el vaso de leche luminoso de Cary Grant en “Sospecha”o esa bajada no menos fascinante del mismo Grant con la Bergman en brazos y Claude Reims angustiado en “Encadenados”. O, claro está, la angustiosa ascensión de James Stewart de las escaleras de la vieja abadía en “Vértigo”. Bueno Hitch hasta lo utilizó en los títulos poniéndole nombre a una organización secreta “39 escalones” 
La escalera ha sido muy usada también en las películas de terror, no en vano son una puerta abierta a un escenario desconocido. Por ellas llegamos a otras zonas, pero por ellas también pueden venir seres amenazantes. La escalera baja al sótano lúgubre y nos lleva a la oscuridad, la escalera sube a un ático repleto de polvo, recuerdos y vidas de otro tiempo… Y habría que reseñar, por ejemplo, “Al final de la escalera”
Se han usado escaleras muchas veces para contarnos persecuciones. Es un espacio manejable, nos da sensación de continuidad y cierra escapatorias. Y también para escenas grandilocuentes casi de ópera, como el final de “El padrino III” o ese descenso sublime de Gloria Swamson en “Sunset Boulevard”. Incluso se utiliza de modo romántico o para la declaración de amor de Richard Gere a Julia Roberts en Pretty Woman, aunque en este caso era una escalera de incendios…¿Escaleras de incendios? También nos suenan, ¿No?
Arriba, abajo, peldaño a peldaño, subimos y bajamos. Y vemos cine.


tomado de lecturaserrantes

Déjenme hacer una pequeña digresión. El oficio de actor en el cine es en extremo delicado. Si no se proporciona al actor el papel completo, se corre el riesgo de que se enfade, de que empiece a actuar con desgana, sin saber qué está representando. Sin embargo, grandes interpretaciones han resultado de esta política, como la de Cary Grant en Con la Muerte en los Talones, o la de todos los implicados en Casablanca. Pero, si das el guión completo, si el actor sabe cuál va a ser su papel durante toda la película, el riesgo es que el actor lo realice demasiado a conciencia.
Es lo que sucede en esta película, en la que, prácticamente desde su aparición, sabemos que George Brent (por otra parte un actor magnífico) es el asesino. Y no es por mala actuación; sencillamente, es porque el actor lo hace demasiado bien, inserta un pathospeculiar en su personaje, lo dota de rasgos torturados. Pero esa falta de ambigüedad hace que sepamos desde el inicio que esa tortura sólo esconde una psicopatía criminal.
Y lo bueno de esta película es que, a pesar de eso, es un placer verla. Su argumento es simple (o por lo menos, lo es ahora, después de ver múltiples asesinos psicópatas en la pantalla). En un pueblo, un asesino mata a mujeres, siempre discapacitadas físicas. Dorothy McGuire interpreta a Helen, una chica que quedó muda por un trauma sufrido en la infancia, de modo que ya sabemos quién es el siguiente objetivo del psicópata. No obstante, todo está narrado con un estilo impecable. La tensión es grande y mantenida, y hay escenas que pueden pasar con todos los honores a las antologías del género. McGuire está espléndida, así como los secundarios Ethe Barrymore y George Brent. Una gran fotografía, dirección artística y música hacen el resto, y consiguen que esta pieza de cine menor pero clásico sobreviva muy bien al paso del tiempo. Y que haya sobrevivido con ventaja a los diversos remakes que se han hecho de ella. Quédense con el original. Sabrán quién es el asesino desde el principio, pero no importa. Déjense llevar y sumérjanse en la tensión. 


tomado de espinof

Fueron muchos los directores europeos que buscaron refugio en Hollywood por el auge del nazismo en el viejo continente, reforzando así de forma notable el interés del cine americano y regalando a los espectadores infinidad de grandes películas. Sin embargo, no todos ellos han perdurado de la misma forma en la memoria de los cinéfilos, siendo una lástima que directores de la talla de Robert Siodmak no sean lo suficientemente recordados a día de hoy.

En su momento ya os hablamos en un par de ocasiones de Siodmak, en concreto de ‘Luz en el alma‘ (‘Christmas Holiday’, 1944) y ‘El abrazo de la muerte‘ (‘Criss Cross’, 1949), pero en su filmografía también destacan obras como ‘Forajidos’ (‘The Killers’, 1946), mi favorita personal suya, o ‘La escalera de caracol’ (‘The Spiral Staircase’, 1945), un título esencial dentro de las películas que abordaron la figura del psicópatas antes del estreno de la fundamental ‘Psicosis’.

La mirada del asesino

Dorothy Mcguire La Escalera De Caracol

Una de las grandes obsesiones del séptimo arte a la hora de indagar en los diferentes trastornos que llevan a alguien a asesinar a otras personas ha sido querer utilizar la mirada del homicida para expresar el cambio que sucede en su interior antes de acabar con la vida de sus víctimas. Este punto juega un papel esencial en ‘La escalera de caracol’, ya que las apariciones del asesino se refuerzan con planos en los que el principal protagonista es su ojo y lo que está viendo a través de él.

Llama la atención que Siodmak se niegue a emplear el plano subjetivo para ponernos en la posición del asesino, pero sí que logre transmitir de forma impecable su punto de vista y la amenaza que representa. Esto es algo que ya consigue con su primera víctima en un prólogo relativamente desconectado de la historia principal, pero también tiene sus pegas, ya que por aquel entonces no se estilaba que los homicidas llevasen máscaras y entre eso y ciertos detalles de la trama se limita de forma exagerada quién podría ser.

Pese a ello, el juego con las apariciones del asesino trae inmediatamente a la cabeza a los giallos italianos, y la sensación de que puede verse en ella un precedente directo no hace más que aumentar por la utilización de guantes negros y los puntuales primeros planos para remarcar su uso.

Eso sí, la ambientación aislada nos recuerda más a los slashers, pero justo es reconocer la importancia de dos títulos como ‘Bahía de sangre’ (‘Reazione a Catena’, Mario Bava, 1971) y ‘Torso, violencia carnal’ (‘I corpi presentano tracce di violenza carnale’, Sergio Martino, 1973) en la transición del giallo al slasher y ahí ese es un punto que sí se cumple.

No obstante, sus cualidades como precedente de dos subgéneros tan populares como esos no van más allá de detalles puntuales y centrados específicamente en la identidad y hábitos del asesino y en la forma en la que Siodmak incide en sus apariciones, ya que la puesta en escena en líneas generales la aleja del giallo y el slasher de forma considerable para acercarla más a otras producciones de esos años.

Por su parte, el origen del trauma del criminal y que las víctimas tengan algún tipo de defecto físico nos llevan a pensar más en la magistral ‘El fotógrafo del pánico’(‘Peeping Tom’, Michael Powell, 1960), donde la mirada del asesino también jugaría un papel fundamental -y mucho más interesante que aquí, algo que no es óbice para que ‘La escalera de caracol’ resulte un paso vital en la evolución del tratamiento de este punto por parte del séptimo arte-.

Un director con las ideas claras

Escena La Escalera De Caracol

Siodmak no tiene especial interés en explorar las posibilidades del relato como un whodunit al uso, ya que su atención se centra más en una elaborada atmósfera de suspense, no dudando en echar mano de recursos propios del expresionismo alemán como una muy contrastada utilización de las luces y sombras que también la relacionada con el boyante cine negro de esos años y poco habitual en los thrillers de este tipo por aquel entonces.

Además, el elegante manejo de la cámara y la minuciosa construcción de los planos encuentra un muy necesario apoyo en la banda sonora de Roy Webb para que incluso en las escenas de calma aparente se nos transmita la sensación de que algo podría pasar en cualquier momento, jugando en su medida justa con el suspense artificial y brillando de forma indiscutible cuando llegan los crímenes, momento en el que Siodmak también da lo mejor de sí mismo gracias a un impecable trabajo de planificación, mostrando un exquisito buen gusto para no dejarse llevar por el lado más macabro, aunque quizá en ello influiría las limitaciones impuestas por el código Hays.

Imagen La Escalera De Caracol

Eso sí, Siodmak no estaba dispuesto a plegarse sin más a la censura de la épocay no duda en explorar de forma tan sencilla como evidente con el elemento sexual del trastorno del asesino siempre que puede, algo especialmente evidente al mostrar a una víctima antes de serlo de una forma que choca abiertamente con la forma en la que había aparecido hasta entonces. De una imagen casta y recatada se pasa a mostrarla de una forma más desinhibida con la única justificación posible de su utilidad para recalcar ese aspecto del trastorno del criminal.

No quiero olvidarme tampoco del excelente trabajo de su reparto, donde es cierto que no encontramos actuación alguna que vaya a ser recordada como una de las memorables de todos los tiempos, pero todos ellos cumplen con nota, destacando quizá un poco por encima del resto una Dorothy McGuire, quien consigue que nos importe bien poco que en su momento llegase a sonar el nombre de Ingrid Bergman para el papel, ya que su interpretación como Helen, una joven que sufrió un shock que le hizo perder la capacidad de hablar, es difícilmente mejorable.

En definitiva, ‘La escalera del caracol’ es una joya más en la filmografía de Robert Siodmak gracias al talento exhibido en la puesta en escena por el realizador alemán y por el muy acertado trabajo de sus protagonistas, pero también es un título que adelanta lo que otras cintas sobre psicópatas e incluso varios subgéneros que se popularizarían muchos años después.


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Genial simbiosis entre cine negro y terror (también llamado género de suspense, misterio o thrillerpsicológico), fruto del testigo dejado por Val Lewton en la RKO (La mujer panteraYo anduve con un zombie) y magistralmente dirigida por Robert Siodmak (ForajidosEl temible burlónEl hijo de Drácula El abrazo de la muerte). Basada en la novela de Ethel Lina White, el guión de Mel Dinelli relata una historia gótica que ejerce una auténtica radiografía del comportamiento de cada uno de sus personajes.
Un sádico asesino aterroriza un lujoso vecindario matando a mujeres con alguna minusvalía. Una joven sirvienta muda se verá atrapada en una telaraña de personajes, en mitad de una inmensa mansión, y  con la permanente sensación de ser ella la próxima víctima.

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La tenebrosa fotografía de Musuraka (La mujer pantera), rozando el tenebrismo, el expresionismo alemán y las pinturas de George de La Tour, son el máximo exponente del cine de terror (muchas veces resumido en la luz y en el sonido). La cuidada puesta en escena, (aprovechando los decorados de Orson Welles en El cuarto mandamiento) el preciso uso del atrezzo, la música de Roy Webb y un magnífico reparto encabezado por una convincente Dorothy Maguire (inicialmente se habló de Ingrid Bergman para el papel) y una entrañable Ethel Barrymore (Jennie), son los puntos fuertes de este clásico.

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Estamos frente a una película pionera, donde el ojo del asesino en un plano detalle distorsionado forjó la cámara  psicológica casi por primera vez, y una secuencia como la de la chica muda frente al teléfono crispó los nervios a toda una generación.
Los complejos conceptos expresados, así como los grandes temas simbólicos a los que hace referencia (la escalera de caracol como metáfora de nuestro yo interior, del descenso al infierno personal, junto a lo que es normal y lo que no, a las falsas apariencias, al nazismo y racismo crecientes en Europa…) se resumen en un desenlace hoy en día algo previsible, pero que tiene sus aciertos en el suspense que se crea en ese microclima que va encerrando a la protagonista en su mundo y en la casa, alejándola cada vez más del resto, dejándola a merced del asesino.

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Se trata, pues, de un referente para todas las películas de asesinatos que la siguieron. Una película que nació discreta, modesta en su presupuesto, y que ha ganado mucho con el paso del tiempo.
A destacar las artísticas muertes (refinadas, con luz y sombras, sin trucos baratos ni sangre) y el curioso homenaje que se rumorea a Orson Welles con el bulldog de la familia; Welles era amigo de Siodmak y marido de Elsa Lanchester (La novia de Frankenstein), que aquí aparece como una malhumorada y alcohólica sirvienta.

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Se han rodado dos remakes bastante despreciables: uno en 1975 de Peter Collinson, con Jacqueline Bisset y Christopher Plummer; y una TV Movie el 2000, de James Head con Nicollette Sheridan.