Sed de mal

Título en castellano Sed de mal
Titulo original Touch of evil
Año de filmación 1958
Duración 108 minutos
Pais Estados Unidos
Director Orson Welles
Guion Orson Welles (novela de Whit Masterson)
Música Henry Mancini
Dirección de fotografia Russell Metty (B&N)
Reparto
oProductora Universal Pictures
Sinopsis Un agente de la policía de narcóticos (Heston) llega a la frontera mexicana con su esposa justo en el momento en que explota una bomba. Inmediatamente se hace cargo de la investigación contando con la colaboración de Quinlan (Welles), el jefe de la policía local, muy conocido en la zona por sus métodos expeditivos y poco ortodoxos. Una lucha feroz se desata entre los dos hombres, pues cada uno de ellos tiene pruebas contra el otro.
Premios  
Subgénero/Temática
Crimen, Policiaco, Secuestros, Policia corrupto

 

tomado de filmaffinity

  • Obra maestra de Welles de deslumbrante reparto y compleja historia sobre el poder y la corrupción. Atención a su espectacular plano secuencia de apertura, un prodigio de dominio de la técnica y puesta en escena, y sin duda uno de los mejores comienzos de la historia del cine.
    Pablo Kurt: FILMAFFINITY 
  • “Sobresaliente filme (…) la magnífica dirección de Orson Welles eleva a la categoría de clásico esta intriga policiaca (…) ejercicio de estilo inigualable”
    Fernando Morales: Diario El País 
  • “Expresionista al extremo (…) la película eleva el habitual ambiente perturbador del cine negro a un nivel al que pocas películas han apuntado” 
    Kenneth Turan: Los Angeles Times 
  • “Un maravilloso regalo que ningún cinéfilo debería perderse” 
    Michael Wilmington: Chicago Tribune 
  • “Un drama criminal oscuro y extravagante”
    Andy Seiler: USA Today 
  • “Los destinos de todos los protagonistas están relacionados de principio a fin, y la fotografía lo ilustra atrapándolos en los mismos planos, o relacionándolos a través de los cortes (…) Puntuación: ★★★★ (sobre 4)” 
    Roger Ebert: rogerebert.com 
  • “Increíble fotografía e interpretada con brillantez, es sin duda una de las películas criminales más influyentes de la historia (…) Puntuación: ★★★★★ (sobre 5)” 
    Angie Errigo: Empire 
     

Barroca hasta los tuétanos, “Sed de mal” es quizá la mejor película realizada por Orson Welles. La razón de que el maestro filmará esta joya del cine la tiene Charlton Heston. En en un primer momento Welles sólo estaba contemplado para interpretar a Hank Quinlan, pantagruélico policía que camina pesadamente entre el filo de lo legal e ilegal para lograr sus propósitos; pero Heston, en la cima de su carrera, entendió que sería Welles quien lo dirigiera y aunque no era así mantuvo esta exigencia y logró que el maestro filmara una de las mejores películas de la historia del cine. 
Intriga criminal desarrollada en un pueblo fronterizo entre EE.UU y México, que enfrenta a un Quinlan, amargado y fascista, con su contrario, Vargas (Heston), inquebrantable en su honradez y limpio en sus métodos (ironías del cine). La primera secuencia ha pasado con justicia a la historia del cine. Un plano secuencia de casi tres minutos (ahora en la versión “director’s cut” la podemos ver sin los títulos de crédito que “ensuciaban” esta joya) que comenzando por un plano detalle de una bomba de relojería recorre todo el lenguaje cinematográfico hasta terminar en la explosión que iniciará todo la intriga y la llegada del fascinante Hank Quinlan. 
La película es un ejercicio alucinógeno, con una atmósfera pesada, genialmente fotografiada por Russell Mety, que nos transportará a un universo bizarro y putrefacto, con encuadres que subrayan desde la trama a las características de los principales personajes. Esta puesta en escena, llena de encuadres asombrosos y movimientos de cámara para nada gratuitos y de una modernidad asombrosa, destilan la savia que sólo un genio como Welles poseía. Muestra de esto, sería la última secuencia, un ejercicio visual y sonoro que resume el tono alucinante que preside esta película de cine negro, negrísimo. 
La actuación de Welles es estremecedora, llena de una hondura psicológica que logra acercarte a ese ser monstruoso que es Quinlan. También encontramos a una Janet Leigh, “prespiscosis”, como esposa del comisario Vargas y también acosada en un motel; y a un Akim Tamiroff como el mafioso mejicano, Tío Joe Grandi. Cuenta también con una serie de cameos: Mercedes McCambridge, Cotten, Zsa Zsa Gabor y una misteriosa Marlene Dietrich, como la gitana Tanya, que dará muestras de su valía en un pequeño papel que llena toda la pantalla y cierra esta historia con una frase que resume toda la película: “un buen hombre, un mal policía”.


Hay muy pocos directores de la época clásica del cine que cuenten con fans en la actualidad. Cuando hablo de fans, lo digo literalmente, me refiero a esa gente que son incondicionales y que resulta en vano dialogar críticamente sobre el personaje en cuestión. Uno de ellos es Alfred Hitchcock y otro desde luego es Orson Welles, uno de los que más seguidores acérrimos tiene. 

Los que no somos antiWelles, pero sí creemos que se trata de un director que cuando menos merece una revisitación a la baja, se nos intenta desterrar. De su filmografía uno de los casos más paradigmáticos es sin duda “Sed de mal”, un trabajo bastante desafortunado, donde hay un caos que por mucho que se empeñen los diferentes montajes que se han hecho en la historia, la cosa no funciona. 

El reparto es genial, pero desaprovechado, es una mera colección de cromos de Welles donde deambulan algunas de las más grandes estrellas del cine de forma desafortunada – en este capítulo se lleva la palma las escenas de Janet Leigh-. Sigue Welles con su autocomplacencia y su egolatría, que tiende a estar siempre por encima de la historia. Ese afán por gustarse es cansino, momentos interminables donde la luz de la habitación se enciende y se apaga, demuestra que no confia en lo que cuenta y tiene que recurrir siempre a una puesta en escena muy personal para llamar la atención. 

Y luego directamente la película es bastante aburrida, su intento de mezclar delitos y comportamientos más modernos, con un aire de cine negro clásico no cuaja en absoluto.

Cuando en los años noventa a “Sed de mal” la empezaron a dar cien mil premios, de esos que valoran un siglo de cine, y que premian a películas “injustamente olvidadas”, se terminó por consagrarla leyenda. Todo es un mero complejo de culpabilidad, como Welles pasó de ser el niño mimado al proscrito de turno, parece que sus películas son valoradas a posteriori con ojos de verdugo arrepentido. Puede que Welles perdiera en su momento el respaldo de la industria, pero ganó algo más importante con los años: El Mito. 


De acuerdo, según los más entendidos en cine, el mejor plano secuencia de la historia lo podemos ver al inicio de “Sed de mal”, la fotografía rezuma el expresionismo alemán que refleja a la perfección la opresión del ambiente en que se desarrolla la película. Se dice de ella que es barroca, asfixiante y se justifica su caótico guión diciendo que es una parodia del cine negro.

Documentándome un poco antes de escribir la crítica me gustó una opinión de “Cahiers du cinéma” que en el momento de su estreno la definió como “la mejor película de serie B que jamás se haya hecho”. Y es que si por un momento nos abstraemos de que se trata de una película de Orson Welles, y del famoso plano secuencia inicial, ¿qué nos queda?. Mi impresión personal (y reitero lo de personal porque no pretendo ofender a nadie), una película con una trama caótica, que en ningún momento me enganchó y que roza lo ridículo. Diálogos infantiles; memorable la frase de Susie Vargas a su marido: “me gustaría ser estúpida si mi marido me lo ordena”; acciones no menos absurdas, y aburrimiento, mucho aburrimiento (de hecho, la tuve que ver en diferentes días, retomándola porque se me hacía soporífera).

Charlton Heston haciendo de policía mexicano, Marlene Dietricht haciendo de gitana dueña de un tugurio, personajes secundarios en las escenas iniciales pululando alrededor del gran Orson Welles añadiendo “tensión” a la historia con sus exageradas gesticulaciones… por momentos me pareció estar viendo una peli del mejor Ed Wood.

Si me quedo con algo de “Sed de mal” es con la polémica que la ha envuelto desde que fue rodada, la lucha del director por defender la obra tal y como él la concibió, y sus diferentes lecturas, tal y como podéis comprobar en las críticas de Filmaffinity, o simplemente leyendo a los especialistas en el tema.

Dicen que “Sed de mal” es una de las pelis que hay que ver antes de morir, pues bien, yo ya lo hice y casi muero de aburrimiento mientras la veo.


Diez años después de Macbeth, Orson Welles volvió a Hollywood y convirtió un proyecto de serie B en una colosal sinfonía barroca.
En el preludio exhibe su poderío escenificador: tres minutos largos de plano secuencia; culmina en la explosión de una bomba, colocada en un coche en los primeros segundos.El eterno mosqueo de OW con los directores de los estudios convirtió el rodaje en un pulso constante.
Heston había intercedido por él y le contrataron para hacer un papel, escribir el guión y dirigir, cobrando por todo un sueldo de actor. OW aceptó sin haber leído la novela de Masterson, una historia ramplona de la que, rompiendo su estructura lineal, en dos semanas sacó un primer guión.
Los productores colocaron espías durante el rodaje en California, y prohibieron a OW filmar en el lado mexicano. Rodaba de noche, reescribía de día y dejaba improvisar a los actores. Marlene Dietrich grabó todo su papel en una sesión; los productores conocieron su participación al ver proyecciones.
Un genio escaldado luchaba por el control.El agente Vargas (Heston), que llega a la frontera, es un héroe positivo, y se enfrenta a mafias de narcos y oficiales corruptos. Pero el protagonista absoluto es Quinlan (OW), un polizonte sucio, grasiento, podrido.
Me alegrará conocer a Quinlan, dice Vargas.
Eso es lo que usted cree, replica el sargento.
Desde la explosión del coche, los recién casados Vargas no tendrán un segundo de luna de miel, zarandeados en ese mundo limítrofe, repleto de ‘mordidas’, confesiones arrancadas, pruebas amañadas e inculpaciones ficticias.
Un motel con encargado anómalo prefigura “Psicosis” (mismo director artístico en ambos films).
Melodías de una pianola de otro tiempo salen de un solitario cabaret, regido por la gitana Tanya (Marlene Dietrich), de mirada lánguida, echadora de cartas: dice el porvenir, a quien aún lo tiene.En la fatídica hora del montaje aparecieron los problemas. Hoy existen tres versiones diferentes de “Sed de mal”. La de 1998 tiene la secuencia inicial limpia de rótulos.
El montaje planeado por el cineasta es fragmentador, sincopado.
OW satura el relato con su estilo exuberante: cámara móvil, incansable; angular, picados, grúas, contrapicados, cielos negros, sombras humanas por las paredes, focos de luz en el suelo, lámparas oscilantes, neones intermitentes… Continuas sacudidas para crear una atmósfera desazonante, sin respiro.
La fotografía de R. Metty recorre entero el repertorio expresionista.Con el avance de la película, la idea de frontera se va cargando de una oscura palpitación metafísica: es la zona donde bien y mal se entrelazan. En esa penumbra moral, un tipo socialmente deleznable puede ser visto como “un hombre extraordinario, ¡qué importa lo que digan los demás!“, frase que OW pone en boca de Tanya y parece resonar para consumo interno.Tras desbordar el género negro partiendo de presupuestos de capítulo televisivo, Welles abandonó Hollywood de nuevo, con la taquilla de espaldas.

En 1958 Orson Welles retornaba a Hollywood, tras un exilio de 10 años, para certificar el principio del fin del sistema de estudios y rodar el testamento fílmico de un genero emblemático como el cine negro que moría en la cumbre con esta joya absoluta e intemporal del cine que es “Sed de mal”.
Contratado como actor, la insistencia de Heston, que solo acepto protagonizar el film si lo dirigía Welles, le permitió transformar lo que probablemente hubiera sido un mediocre thriller en uno de los films más fascinantes, contundentes y poderosos de la historia del cine. Un Welles deslumbrante y omnipresente en su papel del corrupto policía Hank Quinlan, un hombre marcado por el pasado, domina el film desde las paginas del portentoso guión -del mismo Welles- tanto delante como detrás de la cámara. Desde la magistral grúa que abre el film con ese maravilloso plano-secuencia de casi cuatro minutos de duración -de obligado estudio en las escuelas de cine- hasta el violento, estremecedor y trágico final, de una fuerza visual y un lirismo anonadantes, asistimos a una profunda reflexión sobre la ambigüedad de la conducta del ser humano, la honradez y la corrupción y el dilema moral entre respetar la ley o hacer justicia a cualquier precio. 
Film perverso y trasgresor, de una puesta en escena y un barroquismo visual subyugantes “Sed de mal” es un arriesgado ejercicio de estilo sustentado en planos-secuencia con angulaciónes y travellings imposibles, con picados y contrapicados de una eficacia aplastante en su función narrativa, potenciados por las luces y las sombras de la fotografía en blanco y negro de Russell Metty y el desasosegante score de Henry Mancini. La sobrecogedora y escalofriante interpretación de Welles encuentra en la de Heston, en un atípico rol de policía mejicano, el adecuado contrapunto. A destacar la corta, pero estelar, intervención de una fascinante y bellísima Marlene Dietrich como la gitana Tanya, la voz de la consciencia de Quinlan, con algunas de las frases más memorables del film. Una de las mejores películas de todos los tiempos, “Sed de mal” es el brillante de la corona de la filmografía de un genio, que fue siempre un rebelde con causa y a quien los mezquinos y mediocres capitostes de Hollywood jamás perdonaron su osadía y su talento.
Obra maestra absoluta del cine para ver una y mil veces, en obligada VOS.


Extraña es la lista de mejores películas de la historia del cine que no incluye Sed de mal, el último trabajo que Orson Welles consiguió realizar para un gran estudio de Hollywood, la Universal. Ya sabemos que todo en Welles tiende al exceso, y Sed de mal es un buen ejemplo de ello. Pocas películas tienen tanta trastienda como esta peculiar adaptación de la novela de Whit Masterson (pseudónimo de Robert Wade y Bill Millar) Badge of Evil, que, sin embargo, se ha convertido por mérito propio en una de las grandes referencias dentro de la filmografía de Welles.

sed de mal01La primera escena, un prolongado plano‑secuencia de tres minutos que presenta al matrimonio Vargas (Charlton Heston y Janet Leigh) cruzando la frontera en Los Robles y concluye con una explosión, se estudia en todas las escuelas de cine como ejemplo de planificación y composición. A partir de aquí, se plantea un caso con problemas de jurisdicción, ya que la bomba se había colocado en México pero estalló en Estados Unidos. Eso provoca ciertos roces entre el capitán Hank Quinlan (Orson Welles) y Mike Vargas, un alto funcionario antidrogas mexicano. Al final, el caso es lo de menos, lo que importa es el enfrentamiento entre Quinlan y Vargas.

sed de mal02Curiosamente, Welles llegó a dirigir el proyecto gracias a Heston. En principio, el productor había pensado en Welles como actor, pero Heston entendió que también iba a dirigir la película, y precisamente por eso aceptó, lo que llevó a los ejecutivos de la Universal a ofrecerle la película a Welles, que aceptó dirigirla si podía reescribir el guion. Welles no trabajó directamente sobre la novela de Masterson, sino sobre el guion de Monash ya escrito, y cambió algunas cosas, como, por ejemplo, la localización.

sed de mal03Welles consigue transformar un thriller bastante convencional en una de las piezas clave del género negro. De hecho, para muchos críticos y cineastas, como Paul Schrader, Sed de mal supuso la última gran película del cine negro clásicoalgo así como el epitafio de una forma de hacer cine que había comenzado con El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941).Desde entonces, ya solo podemos hablar de neo noir, y, más recientemente, de neo neo noir.

sed de mal04Sed de mal es una película de personaje, y quien se lleva el gato al agua es el propio Orson Welles con su interpretación de Harry Quinlan, un policía de métodos expeditivos que no duda en falsificar pruebas para encerrar a quien considera culpable. Todo lo demás está puesto al servicio de este personaje, aunque en la galería de secundarios destaquen interpretaciones memorables, empezando por la de Joseph Calleia, que da vida al ayudante de Quinlan, el sargento Pete Menzies; o la de Marlene Dietrich, que se convierte en Tanya, la gitana de acento alemán que regenta un local de dudosa reputación en el lado mexicano de la frontera y con la que Quinlan mantuvo una relación en el pasado. Ahora bien, si hay un personaje que llama mucho la atención, ese es el que interpreta Dennis Weaver, ya que supone un claro antecedente de Norman Bates.

sed de mal07El uso de determinados planos provoca en el espectador desasosiego e incomodidad, sobre todo en determinados momentos. Welles utiliza magistralmente los objetos para construir la trama. Así, los cartuchos de dinamita o el bastón de Quinlan juegan un papel esencial para la progresión del argumento. La música de Henry Mancini es magnífica, pero nunca suena en off, sino que es diegética, esto es, la escuchamos a través de objetos que aparecen en escena: radios, altavoces, instrumentos musicales…

sed de mal05Sed de mal se rodó entre el 18 de febrero y el 2 de abril de 1957. Aunque Welles quería rodar en Tijuana, era inviable por cuestiones de producción, así que finalmente se rodó en Venice. A Welles lo despidieron en junio, así que apenas pudo participar en la fase de montaje y postproducción. Había un primer montaje de 108 minutos que se desestimó tras realizar una preview. La versión que se estrenó tenía una duración de 93 minutos y no tuvo demasiado éxito. Provocó el enfado de Welles, que se despachó con una memoria de 58 páginas en la que indicaba los cambios que debían realizarse. Solo en 1975 empezó a distribuirse la versión de 108 minutos, y en 1998 se realizó un último montaje que seguía las directrices señaladas por Welles en su memorando. En realidad, cualquiera de las tres versiones demuestra la genialidad de Welles, y el propio hecho de que existan esas tres versiones, ninguna de ellas supervisada por el director, es otra característica más de su cine, que no siempre llegaba a buen puerto.

Tráiler:


tomado de elmundo

Hace 50 años Orson Welles regaló posiblemente el mejor plano secuencia de la historia del cine. El comienzo de la barroca y asfixiante ‘Sed de mal’ es una joya del más puro expresionismo.

Esta obra cumbre del cine negro es un análisis de la moralidad y la corrupción. Su impresionante fotografía en blanco y negro, obra de Russel Metty, inspirada en el expresionismo alemán, cuadra a la perfección con el ambiente opresivo de Tijuana, donde se desarrolla la historia que se estrenó el 23 de abril de 1958.

La partitura del italiano Henry Mancini, considerada una pieza maestra aunque menos popular que otras de sus bandas sonoras, mezcla el jazz con la percusión afrocubana, el ‘honky-tong’ instrumental y el rock and roll.

Las interpretaciones memorables empezaban por un angustiado y honrado policía mexicano, Charlton Heston (Mike Vargas), que trata de demostrar que su mujer, Janet Leigh (Susie Vargas), que no ha cometido un asesinato. El mismo Welles (Capitán Quinlan) hizo el papel de policía estadounidense corrupto y xenófobo.

Marlene Dietricht colaboró en un papel corto pero esencial. La actriz alemana es la dueña de un tugurio, un personaje que nos permite conocer que Quinlan era posiblemente un buen hombre al que la violenta muerte de su esposa convierte en una especie de monstruo huraño y retorcido. El expresivo “adiós” de Dietrich, en español en la versión original, queda en la memoria para siempre mientras la pantalla se funde a negro.

Un guión en dos semanas

La película se rodó en California sobre un guión escrito en apenas dos semanas (las prisas son evidentes en algunos diálogos), basado en una novela de Whit Masterson. Cuenta la historia de un policía mexicano que investiga la muerte por una explosión de un importante empresario y se topa con la corrupción del capitán de policía estadounidense Hank Quinlan.

Para iniciar la historia, Welles rodó el que, en opinión de muchos expertos, es el mejor plano secuencia de la historia del cine. Una imagen de las manos del asesino colocando la bomba en el coche del empresario, un automóvil que cruza la escena, mientras la cámara subida en grúas sigue de forma magistral a Heston y Leight hasta el momento de la explosión.

Ese primer plano es sólo el primer indicio de la excelente planificación de cámara diseñada por Orson Welles, con movimientos y ubicaciones que deforman la realidad y las caras de los personajes, ayudado por la sofocante oscuridad que reina durante toda la película. Puro expresionismo pictórico en movimiento.

Clasificada como serie B

Frente a esas cualidades técnicas hay una historia un poco manida, unos diálogos a veces engolados y unos decorados poco adecuados. Todo ello forma sin embargo un conjunto brillante y con fuerza, algo que quizás sólo Welles pudo lograr teniendo en cuenta el material de base del que partía.

En el momento de su estreno, ‘Sed de mal’, la quinta y última película que Orson Welles rodó en Hollywood, fue un fracaso comercial y fue calificada en Estados Unidos de “pretenciosa”, “amanerada”, “sórdida”, “basura”, “folletín”, además de ser clasificada directamente como cinta de serie B.

Más favorable fue la acogida en Europa, donde obtuvo elogios y ganó el premio de mejor película en el Festival de Cine de Bruselas, con un jurado en el que estaban Jean-Luc Godard y François Truffaut.

Con el paso del tiempo, la película ha recuperado su valor y ha sido incluida en la lista de mejores filmes de la historia. De hecho, el director Paul Schrader, guionista de ‘Taxi Driver’, calificó a ‘Sed de mal’ como “el último gran vestigio del cine negro”.


tomado de nosolocine

“Sed de mal” (1958), obra maestra de Orson Welles. Por Mario Delgado Barrio

0 sedFicha técnica.- Título original: “Touch of devil”. Año: 1958. Duración: 108 minutos. Producción: Universal. Guión: Orson Welles. Fotografía: Russell Metty. Música: Henri Mancini. Dirección: Orson Welles. Intérpretes: Orson Welles (capitán Quinlan), Charlton Heston (Mike), Marlene Dietrich (Tana), Janet Leigh (Susan), Joseph Calleja (sargento Menzies), Dennis Weaver (gestor del hotel), Akim Tamiroff (Joe).

1sed

Argumento.- Vargas, un agente de policía mexicano llega a la frontera con EE.UU, justo en el momento que explota una bomba e inmediatamente se hace cargo de la investigación con la colaboración de Quinlan, el jefe de la policía local.

4 sed

Comentario.- Obra maestra de Orson Welles, un estudio sobre el poder, una denuncia de la corrupción y tal vez la mejor película de las dirigidas por Welles. Asistimos al claro enfrenamiento entre dos policías muy diferentes: Quinlan es un veterano, amargado, fascista y corrupto que no duda en falsificar pruebas y Vargas es un joven honrado a carta cabal.

6 sedSe apoya en una fotografía de Russell Metty basada en el expresionismo alemán, de tintes oscuros y grandes contrastes entre luces y sombras, para ofrecernos un universo podrido, avenidas ruidosas, calles malolientes y descampados polvorientos, mediante encuadres asombrosos y originales movimientos de cámara con secuencias memorables. El comienzo, uno de los mejores de la historia del cine es un plano secuencia de varios minutos en el que vemos una bomba de relojería, su recorrido y la explosión final con la llegada del impresionante Quinlan, el acoso sexual a la esposa de Vargas, la escena en la que Quinlan le pide a la gitana (una genial Marlene Dietrich) que le lea el futuro y ella responde: “Tú no tienes futuro, tu futuro acabó” y un final para la eternidad con el epilogo en el que de nuevo la maravillosa Dietrich refiriéndose a Quinlan sentencia. “Fue un buen hombre y un mal policia”.

Un cuadro de actores de lujo con Orson Welles a la cabeza en una actuación estremecedora y cuya personalidad llena por completo la pantalla, Charlton Heston le da replica adecuada y Janet Leigh la famosa interprete de la mítica escena de la ducha en “Psicosis”, de Alfred Hitchcock, alegra con su belleza el deprimente espectáculo y unos grandes secundarios eficaces como siempre y aunque sea repetitivo una extraordinaria Marlene Dietrich, tal vez la actriz más fascinante de la historia del cine. En suma película de culto, una auténtica obra de arte.

 

Anecdotario.- Orson Welles solo fue contratado como intérprete pero el productor atendiendo el deseo de Charlton Heston accedió a que fuese también el director. El plano secuencia inicial se ha convertido en un plano de culto para los cinéfilos. Los productores mutilaron la película en un montaje deplorable realizado a espaldas de Orson Welles, estrenándose en 1958 con un auténtico y gran fracaso de crítica y público. Welles dio instrucciones para realizar una nueva versión mediante un nuevo montaje que se realizó en 1997 estrenándose en 1998, quince años después de la muerte del director y del actor, esta vez con un gran éxito. Marlene Dietrich mítica actriz, cantante y bailarina alemana, un auténtico mito, se consagró ya como actriz en 1930 al actuar como “mujer fatal” en la película alemana “El ángel azul”, de Von Sternberg, con el que trabajó en siete películas, actuó en grandes films como “Testigo de cargo”, de Billy Wilder, “Encubridora”, de Fritz Lang, y “Vencedores o vencidos”, de Stanley Kramer e incomprensiblemente solo fue nominada al Oscar por “Marruecos”, de Sternberg. Fue bisexual, condición que nunca negó y ocultó, pues tuvo numerosos romances con hombres y mujeres y fue conocida como “la mujer de las piernas perfectas”. Ha sido la mejor intérprete de la famosa y bella canción “Lili Marlen” y un icono de la elegancia y el glamour. Los últimos doce años los pasó recluida en su casa de Paris, muriendo a la edad de 90 años. Charlton Heston desde muy joven se sintió atraído por el mundo de la interpretación estudiando en la Universidad del Noroeste y su gran presencia física y rostro enjuto le convirtió en el actor ideal para interpretar papeles de personajes históricos: El Cid, Ben- Hur por el que consiguió el Oscar, Moisés, Marco Antonio, Miguel Ángel, Cardenal Richelieu o San Juan Bautista. Se dio a conocer con “El mayor espectáculo del mundo”, de Cecil B. DeMille y actuó en numerosas e importantes películas como “Horizontes de grandeza”, de William Wyler, “Mayor Dundee”, de Sam Peckinpah, “Cuando ruge la marabunta”, de Byron Haskin, “El planeta de los simios”, de Franklin Shaffner, fue Presidente de la Asociación Nacional del Rifle y defendió públicamente el derecho a la libre posesión de armas. Akim Tamiroff nació en Tiflis (Georgia) y estudió interpretación en el Teatro de Arte de Moscú y en una gira llegó a Hollywood donde se dio a conocer en un pequeño papel en “Tres lanceros bengalíes” y se convirtió en un excelente secundario, dirigido por Orson Welles en “Mr. Arkadin”, “Sed de mal” y “El proceso”, y estuvo nominado al Oscar por “El general murió al amanecer” y “Por quién doblan las campanas”. Orson Welles está considerado uno de los más grandes artistas en el campo de la radio, el teatro y el cine, siendo niño se educó en música, literatura y dibujo, alcanzó el éxito a los 23 años gracias al programa de radio “La guerra de los mundos”, de H. G. Wells, que causó conmoción en EE.UU, cuando sus oyentes creyeron que era una invasión real extraterrestre y se lanzaron a las calles llenos de pánico; debutó como director en 1941 con “Ciudadano Kane”, con la que pasó a la historia del cine por su compleja puesta en escena y novedades como la utilización de grandes angulares, la profundidad de campo originales encuadres y un expresivo juego entre luces y sombras, estuvo nominada al Oscar en nueve apartados aunque solo ganó el de mejor guión. Casado con la famosa actriz Rita Haywort a la que dirigió en “La dama de Shanghái”, sospechoso de ser comunista se trasladó a Europa y realizó una gran trilogía sobre obras de William Shakespeare: “Macbeth”, en 1948, “Otelo”, en 1952 y “Campanadas a medianoche”, en 1965. Dejó sin acabar una versión del Quijote y murió a los 70 años.


tomado de dueloliterae

“Mi segundo trago de whisky duró exactamente tres minutos, los mismos tres minutos en los que Orson Welles pone en duda las leyes de la física con su primer plano en movimiento”
 
 
Ayer volvió a pasar, una vez más. Ayer la volví a ver… Sed de mal, sed de Orson Welles… qué gozada, otra vez todas mis sentidas y nostálgicas neuronas muriéndose de gusto, disfrutando de esos planos oníricos, mareantes, reales… de esos movimientos de cámara que hacen que los espectadores nos convirtamos, casi sin darnos cuenta, en dioses que todo lo ven… 
 
Como en los viejos tiempos, mis dos mejores amigos -el alcohol y el cine- acudieron de forma innecesaria a rescatarme de un sufrimiento que no lo era. No me opuse a su acción humanitaria. Una olvidada botella de whisky inició la cura, mientras yo, como un autómata, colocaba en la insaciable boca del vídeo la irrepetible  Sed de mal. En esta película, Welles dirige de forma tan inteligente que hasta cae en el detalle de caracterizar a Chalton Heston para que no se parezca a Charlton Heston. Mi segundo trago de whisky duró exactamente tres minutos, los mismos tres minutos en los que Orson Welles pone en duda las leyes de la física con su primer plano en movimiento. A partir de ese momento la tarde se llenó de tranquilidad. El estilo sobrenatural de esa película refleja por sí solo lo más hondo y ambiguo del alma viciada de los humanos, sin que ni siquiera sea necesario analizar con rigor el maravilloso personaje del grasiento policía, paradigma inteligente de lo que todos somos en realidad. La música de Henry Mancini, la decadencia suprema de Marlene Dietrich… y tantos otros elementos ayudaban a configurar con una belleza excesiva, inquietante, la verdadera naturaleza de los sentimientos más íntimos. Supongo que después de haber realizado Macbeth, el espíritu de Shakespeare se había aliado con Welles, no sólo para protegerlo de la industria norteamericana, sino también para darle algunas pistas que lo guiaran con suerte a través del cerebro humano. 
 
Qué razón tenía Tania, “Era un hombre extraordinario”.
 

(Fragmento de “Duelo entre palabras“)

“Siempre es posible sentir simpatía por una persona despreciable, porque la simpatía es humana”, dirá Welles a propósito de Quinlan, el policía corrupto de Sed de mal, “de ahí mi tendencia a buscar personas por las que no disimulo en absoluto mi repugnancia”


Touch Of Evil apareció en los cines en 1958 pero no sería hasta 1998 para que el público cinéfilo pudiera apreciar el filme de Orson Welles tal como él deseaba que fuera. Haciendo uso de un manuscrito dejado por el mismo antes de su muerte la película fue restaurada para asemejarse a la su visión original. La importancia de la visión de Welles en esta obra es clave ya que se volvería en una de las piezas fundamentales del cine negro.

Con un género que no nos permite hablar de un ocaso, ya que su esplendor radica en la noche, Touch Of Evilpodría ser llamada paradójicamente el amanecer del cine negro. Aquel momento en la historia del cine cuando los rayos de luz comenzaron a agrietar las eternas penumbras del film noir.

El film noir o cine negro que tiene sus origines en las revistas pulp y la literatura hardboiled, suele representar mundos oscuros, de crimen y corrupción. Mundos en los cuales abunda una atmosfera de miedo, desconfianza y paranoia. Donde los “héroes” de turno son solitarios, rudos y cínicos, y no poseen esperanza alguna sobre el futuro. Donde las mujeres o femme fatale, son de naturaleza ambigua y usualmente llevaran a la perdición al protagonista. Y finalmente donde los finales no tienen una gota de felicidad.

Aquellos simbólicos rayos de luz a los que me refiero, son todos aquellos “elementos extraños” que se hacen presentes en esta obra de género. Orson  Welles  nos presenta un cine negro muy diferente. Transformado. Con un ritmo inusual. Dinámico. Con agudos movimientos de cámara, constantes y expresionistas  contrapicados y con una la banda sonora de Henry Mancini que envuelve al film con un sonido de Jazz de acento latino, este último elemento es siempre un punto fuerte en la filmografía de Orson Welles, sus larga carrea en radio en el Mercury Theater lo doto de una capacidad única para los soundtracks. Todos estos elementos generan una atmosfera que se rebela contra el propio género creando una pieza de vanguardia. Pero también tenemos elementos recurrentes. El blanco y negro, la iluminación de altos contrastes, los panoramas urbanos. Y en la vereda de lo temático tenemos la corrupción representada en la policía americana y sus métodos. El clima de desconfianza, encarnada en la relación y choque cultural entre ambas fuerzas de la ley. Tenemos incluso al que sería un antihéroe típico del periodo clásico del cine negro, Hank Quinlan interpretado por el propio Orson Welles, pero que curiosamente en este film está situado en la vereda de los villanos, hecho que tiene un solo culpable y todo eso radica en el personaje de Chalton Heston, Miguel Vargas.

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Vargas es el principal de estos “elementos extraños” de los cuales hablaba en un principio. Chalton Heston interpreta un héroe atípico para el mundo del cine negro. De moral incorruptible, siempre al pie de la ley y muy lejos de ser un solitario, ya que es un romántico y preocupado hombre casado. Un clásico “policía bueno”.  La llegada de este “héroe absoluto” hace que todo el panorama de sombras del cine negro se vea fuertemente contrastado. Incluso este personaje finalmente tiene lo que podríamos denominar como un final feliz, en donde luego de salvar el día aborda un convertible y junto con su esposa se pierde raudo en la noche. Un final impensable en otros ejemplos del género, como es el caso de In a Lonely Place donde vemos marcharse a un solitario Humphrey Bogart el cual ha perdido su última oportunidad de redención o incluso otros donde el héroe ni siquiera sobrevive al film, como es el caso de Out Of The Past con Robert Mitchum muriendo a manos de la letal Jane Greer.

Por otro lado Hank Quinlan como ya fue mencionado es un personaje más cercano a los arquetipos del cine negro. Es un solitario, rudo y apático sirviente de la ley que busca a toda manera tomar ventaja de la situación. Sus métodos y moral son ambiguos, sus constantes interrogatorios al principal sospechoso (y posterior culpable) no son muy diferentes a ver a Humphrey Bogart en la piel de Sam Spade increpando rudamente a Peter Lorre o a cualquier otro facineroso en The Maltese Falcon. Incluso el enigmático (y breve) personaje de Tanya la adivina, interpretado por Marlene Dietrich, visualmente resembla a una mujer fatal y no es casualidad de que sus escenas en compañía de Welles siempre dejan entrever una tortuosa relación pasada.

Y si bien Hank la principal víctima del fuerte contraste que genera la presencia (y moral) de Vergas también es un personaje que exalta algunas cualidades del antihéroe noir clásico. Orson Welles toma la decisión de presentarlo como una entidad grotesca, ojeroso, deformado por el paso del tiempo y siempre tambaleándose por su pierna dañada y alcoholismo. Incluso su final se conecta con aquella interpretación, Hank muere sobre basura en las turbias aguas de un rio. Pero eso no es todo, Welles, dota de una inusual profanidad al personaje, haciéndolo complejo. Su cuestionable moral y rudeza ya no están a favor de la verdad como lo harían sus contrapartes de los años 40, ahora está en pro de mantener su imagen de detective infalible. Hecho que lo hará recorrer caminos tanto o más oscuros que el propio asesino del film.

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Con todo eso no sería errado imaginarse que quizás Hank en el pasado fue un Phillip Marlowe o un Sam Spade, y su estancia en Touch Of Evil es lo que pasa cuando protagonista sobrevive la película para enfrentarse a nuevos tiempos. Orson Welles le añade el paso del tiempo a un género repleto de clichés y fórmulas para así redefinirlo.

Finalmente, Hank es acorralado, el misterio de quien mato a los ocupantes de auto pasa a segundo plano y vuelve como una anécdota. Su muerte es melancólica casi como si el género tal como lo conocemos muriera con él. Caso muy similar a otro punto de inflexión en otro género como es la solitaria y humilde tumba de John Wayne en The Man Who Shot Liberty Valance que pareciera no tan solo contener su cadáver sino que también el western americano clásico. Y ahondando mas en esa comparación tenemos en ambos casos la aparición de un personaje heroico de moral convencional, que es el personaje de James Stewart, que desequilibra el panorama haciendo que un arquetipo clásico en un género se vea cuestionado.

Curiosamente el filme no hace mayor hincapié en la salida del personaje de Chalton Heston. Confirmando que el foco de atención es Quinlan y su tragedia. Con estos cambios y experimentos en el modelo, Orson Welles prevé el futuro del cine americano en donde la mixtura de géneros seria pan de cada día. El cine negro continuaría en el tiempo pero ya no se necesitaría de un Vargas para comenzar a cuestionarnos la moral de los justicieros en pantalla. Los antihéroes seguirían plagando la pantalla de cine cada vez más profundos y complejos y sus acciones ahora serian alimento para el escrutinio del espectador.

Hay una frase del film que expresa mucho de mi sentir hacia esta obra. “¡Vamos, léeme el futuro!” Exclama con rudeza el tambaleante Hank Quinlan, a lo que la misteriosa Tanya responde “No tienes futuro” y ante la duda de este ella sentencia “Tu futuro se acabó. ¿Por qué no te vas a casa?”… Al parecer Tanya logro adivinar el final de Quinlan, y quizás el término de una era en el cine negro americano, pero falló en anticipar el constante renacer que estas temáticas y propuestas tendrían y que continuamente invaden incluso nuestro tiempos.