Con las horas contadas

Título en castellano Con las horas contadas
Titulo original D.O.A.
Año de filmación 1950
Duración Estados Unidos
Pais Estados Unidos 
Director Rudolph Maté
Guion Russell Rouse, Clarence Greene
Música Dimitri Tiomkin
Dirección de fotografia Ernest Laszlo (B&N)
Reparto
Productora United Artists
Sinopsis Frank Bigelow irrumpe en la jefatura de policía para denunciar que ha sido víctima de un asesinato. Al principio, el Comisario Jefe cree que se trata de un loco. Sin embargo, a medida que Bigelow va relatando los hechos, se da cuenta de que la historia es totalmente coherente y, si es cierta, un asesino anda suelto. 
Premios  
Subgénero/Temática  Crimen, Serie B

 

tomado de filmaffinity

D.O.A. (Muerto al llegar) ó Con las horas contadas es un film negro interesante de un director (Rudolph Maté) interesante y con un excelente actor de reparto encumbrado a primera figura y haciéndolo bien. Pero no busquen obras maestras del género porque haberlas no háilas. 

La película es claramente una serie B, barata y buena, diferente y original, pero que en su propia originalidad lleva su penitencia, porque superada la sorpresa inicial de que el denunciante sea el propio asesinado, lo único que queda por saber es si habrá milagrito y el muerto, con el que acabamos encariñados, acabará encontrando el antídoto maravilloso ó si por el contrario sus maratones por las populosas streets de San Francisco resultarán inútiles. Eso es lo que realmente importa, incluso por encima de la identidad del asesino. 

No desvelaré ni una cosa ni la otra porque en ello reside el atractivo de este film que hay que incluir sin ninguna duda dentro del género de cine noir: Policías, malvados, vamps de más ó menos pacotilla, ambientes urbanos, garitos, luces de neón, nocturnidades, luces y sombras y sobre todo el tópico por excelencia: Un buen tipo metido en líos por avatares de impredecibles destinos. No le falta de nada. Incluso se marca algunos puntos con la segunda visita a un especialista diferente para corroborar el diagnóstico. Esto que, en la vida ordinaria, suele ser normal, se olvida con facilidad en las películas ó se da por sobreentendido aunque nadie lo entienda.

Otro elemento positivo: la fotografía de Ernst Laszlo, quien ha trabajado con muchos de los grandes, Wilder (Stalag 17), Lang (Mientras la ciudad duerme) ó Stanley Kramer (Vencedores ó vencidos) y que nos regala una fotografía en B/W de calidad. 

¿Negativo?: Tal vez ese tono general de inutilidad. Un cierto absurdo. ¿Para qué tanta carrerita? Esa sensación de que el pescado está todo vendido desde el principio. ¡Ah! y también esa novia-secretaria de Frank Bigelow, sosa, sosita, sosa, justificando plenamente las dudas prematrimoniales de su jefe y sus canitas al aire.

Repito: Original e interesante. ¿Obra maestra?: No.


Cine negro de serie B, bajo presupuesto, actores semidesconocidos y argumento enrevesado; y a pesar de ello, ésta es una película para el recuerdo gracias a una realización entusiasta, pero sobre todo, a la ingenuidad casi delirante que recorre la película de principio a fin y que la dota de una singularidad especial.

Comisarías con pasillos vacíos, kilométricos; clientas recostadas en plan seductor con la secretaria/novia al lado; permiso explícito de ésta para flirtear lo que haga falta; miraditas de chicas (acompañadas o no) con las que se va cruzando el protagonista; médicos de vodevil sin el menor tacto psicológico, venenos luminosos… y sin embargo la película mantiene el tipo, milagrosamente no cae en la parodia ni en el ridículo, e incluso nos deja algunas secuencias memorables, gotas de gran cine en ese océano de incongruencias, y es que solo por ese plano secuencia del protagonista corriendo desesperado por las calles en medio de la multitud merece la pena ver esta película… y recordarla.


tomado de cinestonia

Moderadamente atractivo ejercicio de cine negro, viejo film noirque hace un intento por esgrimir todo lo que caracteriza a este memorable y notable estilo cinematográfico, y ciertamente lo hace, pero se queda en ello, un intento, lo que al menos se le reconoce a su director, el nacido en el viejo Imperio Austro-Húngaro, Rudolph Maté. La modesta historia nos introduce en el mundo de pesadilla de Frank Bigelow, un contador en un pequeño pueblo yanqui, que de pronto se ve inmerso en la terrible situación de haber sido envenenando, con un severotósigo químico para le cual no hay una cura conocía, y cuya ingestión le deja como máximo una semana de vida. El filme, en su breve metraje, se convertirla desde entonces en la rauda y frenética búsqueda de su asesino, aunque ciertamente las cartas ya están servidas, pues nuestro protagonista se encuentra, como lo indica el titulo doblado para tierras latinas, irremediablemente con las horas contadas. Como se aseveró, el filme intenta ser un correcto compendio de todas las características y aristas del cine negro, asesinatos, conspiraciones, oscuros y lóbregos escenarios, incluso algún intento de femme fatale, lo cual logra en efecto, pero con tanta tibieza y timidez que finalmente se siente un ejercicio algo flojo, que si bien alcanza niveles de decencia, termina por dejar cierto sabor de boca de simpleza, especialmente por lo evidentemente inútil que se sabe que es toda la incansable e implacable búsqueda por parte del personaje principal.

          

La historia tiene inicio con un individuo que camina a lo largo de interminables y desolados corredores en un edificio, tras lo cual, llega a una oficina. Se trata de Frank Bigelow (Edmond O’Brien), que llega a una oficina policial, viene a denunciar un asesinato, cuando se le pregunta quién fue la víctima, escuetamente contesta “yo”. Entonces se inicia la remembranza de Frank, nárrasela a los oficiales, cuando vivía en Palm Springs, desempeñándose como contador, atendiendo numerosos negocios, y planea en ese momento irse de vacaciones a San Francisco, cosa que no es muy bien tomada por su secretaria y amante, Paula Gibson (Pamela Britton). Tras discutir ambos, termina Bigelow por persuadir y tranquilizar a Paula, y se marcha a San Francisco, alojándose en un lujoso hotel. Desde el mencionado hotel, se comunica con Paula, que le informa de un misterioso sujeto llamado Eugene Phillips, que insistentemente trató de comunicarse con él, y luego experimente toda la algarabía y algazara de una ruidosa reunión que tiene lugar en el hotel, una suerte de fiesta y convención de vendedores. Es invitado a formar parte de la celebración, y se va a festejar a un salón de rumba con todos, baila y conoce a más de una atractiva fémina, sin embargo, uno de los asistentes, muy discretamente, le cambia el trago y la da cierta sustancia. Al día siguiente, un malestar lo aqueja, no cesa, va a hacerse revisar por un doctor

Éste le dice que ha sufrido severo envenenamiento, quedándole escaso tiempo de vida; Bigelow se altera mucho, le quedan pocos días de vida, o, máximo, una o dos semanas. Ido, camina sin rumbo definido por las calles, regresa maquinalmente al hotel, donde Paula llama nuevamente, con la noticia de que Eugene Philips feneció, aparentemente fue eliminado. Raudamente regresa donde Paula, luego se moviliza a las oficinas del finado Phillips, donde conoce a Halliday (William Ching), colega del personaje, que le indica, ante su insistencia, la residencia de Eugene. Bigelow se acerca al lugar, y conoce ahí al hermano, Stanley Phillips, (Henry Hart), además de la viuda (Lynn Baggett), a quien somete a tosco e inútil interrogatorio. Se va enterando de un negocio de comercio de iridio, raro metal, en el que Phillips se involucró, y, gracias a Paula, sabe que él mismo también se vinculó, la viuda de Eugene le da más indicios. Obtiene de la señorita Foster (Beverly Garland) y de Marla Rakubian (Laurette Luez), presentes en la fiesta, más información; es atacado, y todo desemboca en Majak (Luther Adler), el auténtico homicida, quien, con Hallyday, lo apresa y lleva con los demás implicados, todos quieren encubrir la transacción del iridio. Tras intenso tiroteo, escapa y mata a sus captores, va con Paula, está  enamorado de ella, pero es tarde, acabado su relato, fenece en la comisaría.

Si cierto acierto hay que reconocérsele al cineasta austrohúngaro, es la técnica narrativa, que permite que al menos el interés no se disuelva completamente de la historia. El inicio del filme propiamente es atractivo, engancha eficientemente, pues todo es un flashback, todo es una remembranza, y esto en ningún momento aterriza en el campo de lo ocioso, pues es aperturada con la enigmática secuencia inicial, de que alguien fue asesinado, el mismo personaje que denuncia el asesinato. Con esa incógnita ya servida, el frenetismo de la búsqueda de su asesino prontamente se manifiesta y va en incremento, empezando toda la tensión tras la secuencia de la fiesta, de la rumba, se intensifica ya el ritmo narrativo y es además ese segmento de tratamiento diferente, bohemia, desfile frenético de planos, música y bullicio, comienza ya a tejerse un ambiente demencial. Así, tras haberse despejado ya a la media hora el principal meollo, cómo es que fue “asesinado”, ciertamente puede sentirse por demás inútil e innecesaria la frenética búsqueda que emprende, pues, todo el tiempo, sabemos que se trata de un muerto viviente, un muerto dando pasos, esperar un milagro y que viva el desahuciado protagonista es algo pues inocente e impensable. Y si relativo mérito tiene el director, es lograr una narrativa que por lo menos mantiene cierto interés, en la investigación, en un correctamente breve filme, pues no se debía abusar de una situación cuyo inminente desenlace siempre estuvo cantado. Así, tras la carrera contra el tiempo condenada al fracaso, se desenmaraña el final acertijo, la verdad es sabida, ciertos elementos del cine negro están pues presentes, las intrigas, las investigaciones, y algunos oscuros escenarios, los elementos están ahí, aunque el filme acaba ahogándose en la inutilidad y sin sentido de una misión que de arranque se siente sin mucha razón de ser. Todo un ejemplo de cine serie B, barato ejercicio, breve, dentro de todo, es un decente ejemplar de su género, que tiene el adecuado colofón afirmando el policía que se declare al finado como Muerto al llegar, Dead on arrival, D.O.A.


tomado de ciencia-ficcion

Rudoph Mate ha sido definido por muchos críticos, injustamente a mi parecer, como un artesano capaz de afrontar con solvencia, pero sin espíritu creador, los géneros más diversos. Una vez más me veo en la obligación moral de reivindicar a un magnífico cineasta, relegado a un plano secundario por esa crítica elitista y casi sectaria, emperrada en encumbrar sólo a aquellos directores cuyas obras colman sus exquisitos paladares cinéfilos. Es cierto que Mate mantuvo siempre un perfil medio, sin brillar a la altura de los maestros para los que trabajó en su etapa de jefe de fotografía. Pero también lo es que destacó muy por encima de esos otros directores considerados universalmente como artesanos del celuloide, pues, en contra de muchas opiniones sobrevaloradas, sí que poseía espíritu creador, aunque algo menos desarrollado que el de los grandes directores. Como director de fotografía realizó un espléndido trabajo en cintas como STELLA DALLAS (Ídem, King Vidor, 1937), BLOQUEO (BLOCKADE, William Dieterle, 1938), TÚ Y YO (LOVE AFFAIR, Leo McCarey, 1939), LA JUNGLA EN ARMAS (THE REAL GLORY, Henry Hathaway, 1939), ENVIADO ESPECIAL (FOREIGN CORRESPONDENT, Alfred Hitchcock, 1940), SER O NO SER (TO BE OR NOT TO BE, Ernst Lubitsch,1942), ME CASÉ CON UNA BRUJA (I MARRIED A WITCH, René Clair, 1942) y GILDA (ídem, Charles Vidor, 1946), por citar sólo algunos de los títulos más destacados. Con su tercera película como realizador, la cinta que nos ocupa, demostró que dominaba a la perfección los resortes de la realización. Además, Mate se reveló como un cineasta especialmente dotado para el cine negro.Suyas son, por ejemplo, obras tan logradas como CERCO DE ODIO (THE DARK PAST, 1948) o UNION STATION (Ídem, 1950), esta última ya reseñada por mí en el Sitio. Pero su mejor film noir fue posiblemente CON LAS HORAS CONTADAS, una de las obras negras más interesantes que ha dado el cine.

Aunque se inscribe en la denominada Serie B, CON LAS HORAS CONTADASse distancia muchísimo de la mayoría de las cintas realmente baratas gracias, en buena medida, al talento de Mate, a la buena interpretación del gran Edmond O´Brien y al buen hacer del equipo técnico, en el que destaca Ernest Laszlo, cuya contrastada iluminación dota a la película de un innegable atractivo estético, aunque sin alcanzar cotas realmente impresionistas.

El éxito de la película se cimentó en su original argumento. En su momento, el espectador medio mostró una mezcla de sorpresa y desasosiego, ante un film que comenzaba con un hombre que acudía a la policía para denunciar su propio asesinato. Lo que sigue es un flash back en el que Bigelow relata a la policía los sorprendentes hechos de los que ha sido protagonista involuntario. A partir del momento en que le diagnostican el envenenamiento, no se concede ni un segundo de respiro al espectador, que, gracias al buen hacer de Mate, vive la tragedia de Bigelow y comparte la angustia que domina al protagonista, embarcado en una carrera contra reloj para descubrir por quién y por qué ha sido asesinado. Dadas sus características, la cinta es pródiga en carreras y persecuciones, que en algunos momentos muy concretos recuerdan el estilo del gran Sam Fuller a la hora de rodar escenas de acción.

El atractivo de la historia se acrecienta gracias a la genial creación que de Bigelow hace O´Brien, componiendo a la perfección el rol de hombre corriente enfrentado a una situación límite. Abogado que ejerce en una tranquila población de provincias, Bigelow se ve obligado por las circunstancias a ejercer de hábil detective, e incluso muestra una gran determinación al enfrentarse a tiros contra un individuo que dispara contra él en un almacén abandonado. Lo más seguro es que nunca antes haya empuñado un arma, pero al tratarse de un hombre sentenciado irremediablemente, que no tiene nada que perder, su reacción resulta lógica, y en esa dirección se encamina la sobria pero muy efectiva puesta en escena de Mate.

Aparte de O´Brien, el reparto lo completa un plantel de actores de segunda fila, entre los que destaca Neville Brand en su debut en el cine. En esta su primera película, Brand encarna a Chester, un pistolero psicópata de inquietante presencia. Con este memorable rol el actor pasaría a engrosar las filas de los malos malísimos del cine clásico, trabajando como tal a las órdenes de algunos de los mejores directores de la industria. Dado su físico y su habilidad para componer villanos de una pieza, no es extraño que fuese elegido para dar vida al mismísimo Al Capone en la serie televisiva Los intocables.

Las siglas D. O. A., utilizadas como título del film, corresponden en ingles a muerto al llegar. En 1988 se rodó un remake titulado precisamente así, MUERTO AL LLEGAR (D. O. A., Annabel Jankel / Rocky Morton ), anodino film que sólo sirvió para resaltar aún más la calidad de la película de Mate.


tomado de diariocinefiloclasico

Ésta es la historia de un hombre muerto, pero no es una historia de fantasmas. Ésta es una historia de venganza, pero de una venganza perdida, sin catarsis, sin redención, sin retribución. 

Así empieza:

Homicide Detective: Can I help you? [¿Puedo ayudarle?]

Frank Bigelow: I’d like to see the man in charge. [Me gustaría ver a quien esté al cargo.]

Homicide Detective: In here… [Aquí dentro…]

Frank Bigelow: I want to report a murder. [Quiero denunciar un asesinato].

Homicide Captain: Sit down. Where was this murder committed? [Siéntese. ¿Dónde se cometió ese asesinato?]

Frank Bigelow: San Francisco, last night. [En San Francisco, anoche].

Homicide Captain: Who was murdered? [¿Quién fue asesinado?]

Frank Bigelow: I was. [Yo.]


A partir de este punto, y en un flashback que ocupa el resto de la película hasta enlazar, al final de la misma, con la continuación de la escena anterior, entramos en una espiral de tiempo que se escapa, de tramas que se enredan en verdades y mentiras entrecruzadas; atado a un fatum que escapa a su control, el hombre muerto se enrosca en una trama sin sentido, donde una simple firma en un documento inicia la cadena de consecuencias que concluyen en su asesinato.

Rudolph Maté es uno de esos magníficos profesionales del Hollywood clásico, que aquí entrega una película vibrante, donde O’Brien no desmerece del mejor Humphrey Bogart. El film conjuga la intriga con un sentido del humor irónico que funciona muy bien, y una subtrama romántica, que pese a no ser perfecta, resulta la mar de agradable. Son magníficas las escenas de persecución urbana, y la partitura de Dimitri Tiomkin.

Con las horas contadas es un filme que desde el inicio del metraje sabemos cuál va a ser el desenlace final del mismo. Un hombre llamado Frank Bigelow entra en una comisaría para denunciar un asesinato. Cuando el comisario jefe le pregunta que: ¿de quién? Bigelow, para asombro de su interlocutor, dice que el suyo propio. No es la primera vez que en el inicio de una cinta, el espectador sabe por dónde va a transcurrir la trama. La soga de Hitchcock es el mayor ejemplo. Cuando esto ocurre, sólo queda un recurso para que la cinta en cuestión no pierda, ni interés, ni credibilidad, y este no es otro que el recurso narrativo. 

Rudolph Maté transforma en imágenes un guión circular coescrito por Russell Rouse y Clarence Greene, (ganadores del oscar al mejor guión por Confidencias de Medianoche ) y lo hace de manera solvente. 

Además de la historia (el citado personaje ha sido envenenado y tiene unas pocas horas de vida que gastará en averiguar quién le ha asesinado y por qué) también cuenta con un buen protagonista: el habitual secundario Edmond O’Brien. El actor, a través de un largo flash-back, explica como se ha llegado a la situación extrema, que se corresponde con el título original: D.O.A. (siglas en inglés que quieren decir “Muerto al llegar”).

D.O.A. es un buen ejemplo del cine de serie B que llenaba de negrura las pantallas de la América de la posguerra, en consonancia con la coyuntura pesimista que se vivía en todo el planeta. Un Mundo que tenía que sobrellevar lo mejor posible las millones de muertes causadas por la peor guerra vivida por la Humanidad. La mayoría de ellas personas civiles que fallecieron sin saber por qué estaban muriendo; exactamente lo mismo que le estaba pasando en la ficción al personaje de Con las horas contadas.

Rudolph Maté un genio, uno de esos directores que de vez en cuando descubrimos por algún motivo, yo lo descubrí precisamente por esta película, en la que no hay grandes estrellas, (de hecho la mayoría son bastante desconocidos), pero que tiene una historia que te deja pegado a la butaca desde el comienzo de la misma, un tipo entra en la comisaría y denuncia un asesinato…el suyo propio, en fin una joya para el amante del buen cine negro, indispensable.