Extraño amor de Martha Ivers, El

Título en castellano El extraño amor de Martha Ivers
Titulo original The strange love of Martha Ivers
Año de filmación 1946
Duración 116 minutos
Pais Estados Unidos
Director Lewis Milestone
Guion Robert Rossen (Historia: John Patrick)
Música Miklós Rózsa
Dirección de fotografia Victor Milner (B&W)
Reparto
Productora Paramount Pictures | Productor: Hal B. Wallis
Sinopsis Tres amigos de la infancia, Martha, Walter y Sam, comparten un terrible secreto. Con el paso del tiempo, la ambiciosa Martha (Stanwyck) y el pusilánime Walter (Douglas) se han casado: ella es una brillante y fría empresaria, y él es el fiscal del distrito; una combinación perfecta para dominar a su antojo la ciudad de Iverstown. Pero el inesperado regreso de Sam (Heflin) a la ciudad, después de muchos años de ausencia, perturba profundamente la vida de la pareja. 
Premios  1946: Nominada al Oscar: Mejor historia
Subgénero/Temática
Melodrama

 

tomado de filmaffinity

Creo que en la única época de nuestra vida en la que somos felices es la infancia. Es una impresión, pero de la que no me fío demasiado porque, a pesar de que la tengo muy cerca, la nostalgia puede engañar y disfrazar el pasado de feliz, pero de lo que estoy seguro es de que el mío no era triste. Es una época en la que somos inmortales, en la que la Navidad es un acontecimiento, y en la que el dinero, poder y demás gilipolleces de los adultos no significan nada. Por eso la amistad es verdadera en la infancia, porque no existen traiciones de ningún tipo. Pero esa amistad habría que verla muchos años después, como en “El extraño amor de Martha Ivers”.

Habla de tres amigos de la infancia, dos de ellos criados en un mundo de riqueza y el otro al que el dinero nunca le ha dicho nada. Éste último vuelve al pueblo donde crecieron juntos tras muchos años fuera. Allí se encuentra con que sus antiguos amigos son los dueños de la ciudad, que están casados y que gozan de prosperidad. A partir de ahí se ve metido en un entramado de traiciones, miedos, palizas, chantajes, pasiones… todo debido al miedo del matrimonio a que su imperio se desmorone.

Es una película que ha envejecido bastante en algunos aspectos, pero cuya trama se mantiene impoluta. Como dijo el gran Bloomsday en una de sus críticas: “las grandes películas envejecen en los detalles pero no en el fondo”. No recuerdo si ésas eran las palabras exactas, pero es una gran frase que a se ajusta a la perfección a esta película. Cuenta con grandes interpretaciones de Van Heflin y Barbara Stanwyck, actriz que poseía una enorme capacidad para dejar entrever un mundo interior sombrío, con una fuerza y una mirada volcánicas.

La escena final, en la que el matrimonio se ahoga en su propia codicia y corrupción, en un imperio que está podrido desde su misma gestación, posee una fuerza digna de Shakespeare, dramática, sobrecogedora y magistral. Aunque al final se pretenda atenuar la tragedia con una conclusión en principio alegre (parece ser que acabar las películas con una nota de color era casi obligado, supongo que por la taquilla), es imposible mostrar un final más trágico que ése, el de olvidar, a lo que supongo que ayudarán muchas noches sin dormir y muchas botellas de alcohol, aunque por suerte tengas a la tía que quieres a tu lado. Pero por mucho que se intente borrar el pasado, siempre quedará en su memoria aquella mansión en la que sus amigos quedaron atrapados. Final que hace veinte años seguramente no podrían ni imaginar.


El film combina cine negro y melodrama. Lo realiza Lewis Milestone (1885-1980) (“Sin novedad en el frente”, 1930), a partir de un guión de Robert Rossen, que desarrolla un argumento de John Patrick titulado “Love Lies Bleeding”. Se rueda en Paramount Studios (Hollywood, L.A., CA) y en un cruce de vías de la Southern Pacific Railroad. Es nominado al Oscar al mejor argumento. Producido por Hal B. Wallis para Paramount, se estrena el 24-VII-1946 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar, en 1928 y en 1946, en la pequeña ciudad norteamericana imaginaria de Iverstown. Los caracteres principales se presentan bien definidos y diferenciados de manera que la interacción que se establece entre ellos resulta creíble y verosímil, pese a los toques de cierta exageración que caracterizan a los personajes y sus actitudes. Martha Smith/Ivers (Stanwyck) es una joven huérfana, que ha heredado una fortuna considerable. La gestiona provechosamente con la ayuda del antiguo administrador (Bohnen) de su tía (Anderson), fallecida en extrañas circunstancias. Martha es autoritaria, dominante, carece de escrúpulos y de principios morales y es desmesuradamente ambiciosa. Su marido, Walter O’Neil (Douglas), pusilánime y aficionado en exceso a la bebida, vive dominado por la esposa y desea ser elegido fiscal del distrito en beneficio de los intereses de su mujer. Sam Masterson (Heflin) regresa a su ciudad natal tras 18 años de ausencia. Es jugador profesional y convive con Antonia “Toni” Marachek (Scout), que tiene antecedentes carcelarios por robo.

El relato construye un melodrama de pasiones desatadas, con incorporación de crímenes, asesinatos, corrupción, chantajes, engaños, maquinaciones y ocultaciones. El desarrollo de la acción se ve rodeado de una atmósfera enrarecida y opresiva, que inquieta y ahoga. Contribuyen a ello la perversidad de la protagonista, sus amigos y colaboradores, la pulsación de la impunidad de los poderosos, la explotación de los débiles, la codicia y la ambición de poder de los líderes del lugar, la ausencia de referentes morales y el recurso al crimen y al asesinato. El ambiente destila aires de fatalismo y de inexistencia de vías de salida. La lucha atávica entre el bien y el mal, la ha ganado ampliamente el mal, presente en todos los rincones de la ciudad. De cara al futuro, los proyectos que se plantean y las expectativas que se manifiestan, añaden factores de pesimismo y desesperación. Ante semejante panorama deciden huir no tanto los buenos, que no aparecen en la historia, sino los menos malos, unos pocos que, como el demonio de la puerta de Rashomon, abandonan el lugar ante el horror que les produce la inmoralidad de los humanos.


tomado de cinestonia

El extraño amor de Martha Ivers (1946) – Lewis Milestone

Muy interesante drama negro del desaparecido Lewis Milestone, natal del también extinto Imperio Ruso. Seductor y oscuro relato de traiciones, amor, severas patologías, traiciones y sentimientos encontrados, además de viejas amistades, muy significativas en el pasado, que regresan de pronto al presente, a descubrir la forma en que ha evolucionado la persona que alguna vez creyeron conocer. Nos presenta Milestone la historia de una fémina, inicialmente infante, que tiene como únicos amigos a dos varones de su edad, opuestos en carácter, que le ayudan a sobrellevar la existencia a la sombra de su tiránica tía, y un buen día tras intentar escapar, la despiadada mujer es eliminada por su sobrina. Muchos años después, el niño más avezado, que se fue del pueblo, regresa al mismo, para encontrar a su amiga infelizmente  casada con el otro personaje, alcohólico individuo que es eminente político, pero un pelele como persona y las mórbidas vivencias que surgen son expuestas en el relato. Excelente cinta, excelente variedad de cine negro, en el que sus oscuros personajes no dejan de sorprender con sus salvajes impulsos, y en el que la mujer se convierte en el fatal meollo de toda la acción. A parte de una notable puesta en escena, descansa el filme en las solventes interpretaciones de su reparto estelar, la inolvidable Barbara Stanwyck como la mujer protagonista de adulta, además de un siempre solvente Van Heflin, y un joven Kirk Douglas entre los principales, en una cinta muy sólida, muy atractiva, gran filme de la década de los 40.

         

En el pueblo yanqui de Iverstone, en 1928, dos niños se mueven a hurtadillas, llegan a un establo, son Sam Masterson y Martha Ivers, planean escapar de sus casas, pero son atrapados antes de hacerlo. El que los delató fue Walter O´Neil, que, junto a su padre, vive a la sombra de la tía de Martha, la adinerada señora Ivers (Judith Anderson). La tía Ivers es tan adinerada como tiránica con Martha, le recuerda su origen bastardo, la hostiga, y la obliga a querer escarpase. Intenta ella volver a huir con Sam, Walter no puede evitarlo, pero por atrapar a su felino mascota, la tía es alertada, y en un aparente accidente, Martha la golpea, la hace caer por las escaleras y fenece. Walter fue testigo de lo sucedido, Sam desapareció, y el aturdido señor O’Neil no tiene otra salida que creerle a Martha, que miente diciendo que un hombre fue quien la asesinó. Esa versión es creída, y pasan muchos años, es ya 1946, Sam (Heflin) ha crecido, regresa al pueblo, en el que se entera que Walter (Douglas), es un importante fiscal que se postula a reelegirse, se casó con Martha. En su camino a buscar a su familia, Sam conoce a Antonia “Toni” Marachek (Lizabeth Scott), atractiva mujer con la que nace química, hasta el punto de alojarse ella en su mismo hotel. Por su parte, la adulta Martha (Stanwyck), es quien mueve los hilos del pelele Walter, lo insta a reelegirse, mientras Sam y Toni se acercan más.

Toni le confiesa a Sam que recién sale de prisión, presa de la soledad, encuentra alivio con él, y Sam la acoge. Pero a la mañana siguiente, ella ha desaparecido, la policía informa a Sam que fue atrapada, violaba su libertad condicional, fue aprisionada. Sam entonces busca a Walter, los viejos amigos se reencuentran y se ponen al día de sus vidas, aparece también Martha, tras años, se ve con ella, que intercederá para que Walter libere a su amiga. Martha queda impactada de volver a ver a su viejo amigo, se reúnen de nuevo, ya solos, recuerdan infancia, ven su viejo cuarto, se besan, pero pese a todo, Sam debe irse. El cobarde Walter entonces cita a la reclusa Toni, la amenaza con cinco años de prisión sino colabora con él. Lo que hace es tenderle una trampa a Sam, que es golpeado y raptado por matones del fiscal. Ya liberado, Sam va a visitar a su viejo amigo, Toni le confiesa que él estuvo detrás de todo, y Walter recibe golpes por ello, se enfurece por ver a su mujer embelesada con su viejo amigo y rival. Pero Martha, siempre enamorada de Sam, quiere beneficiarlo, tienen idilio, para despecho de Toni; tomando unas copas, se entera ella que Masterson nunca presenció la muerte de la tía Ivers. El ebrio Walter afirma lo promiscua que es Martha, la humilla, cae por la misma escalera que la tía. Martha, fría, sugiere que lo eliminen, pero Sam no lo hace. Tras unas inesperadas muertes, finalmente Sam se queda con Toni.

Estupendo filme de cine negro, en el que empezaré hablando del soberbio reparto estelar, en el que primeramente descolla, una vez más, la descomunal Barbara Stanwyck, en un perfil de rol que parece hecho a su medida, símil caracter al que interpretara cuatro años después enEncuentros en la noche (1952) del gran maestro Fritz Lang. Se siente como si la gran Stanwyck estuviera hecha para este tipo de dramas, de mujer profundamente atormentada, con severos conflictos interiores, de severas patologías que transforman su psiquis hasta coinvertirla en un ser impredeciblemente siniestro, y ella, tan solvente y sólida como de costumbre, se muestra grave, perfecta como la atormentada infeliz. Sin embargo, mientras en el filme del maestro expresionista germano, ella accede a una final redención, a un final intento de absolución, en esta oportunidad ella está condenada, y termina encontrando en el fenecimiento su final y tan anhelado alivio, pues ciertamente su personaje en esta cinta es mucho más retorcido, maquiavélico y letal. Es la Stanwyck el meollo de todo lo que acontece, es la mujer fatal, la femme fatale que encuentra en el asesinato la mejor manera de salir de problemas, y cada vez encuentra menor remordimiento en ello. Escalofriantes niveles alcanza, de notar cuando un horrorizado Walter rememora la forma en que condenó, sin la menor dubitación, a un individuo inocente por el asesinato de la tirana tía; tenemos pues a la más maquiavélica y siniestra versión de la brillante actriz norteamericana.

Van Heflin, por su parte, lleva bien la carga principal, pues si bien es la Stanwyck quien es el motor de todo, es Heflin quien se erige en un coprotagonista de suma injerencia también, y asume y se desempeña excelentemente con esa responsabilidad el por entonces joven Heflin. Así, en sus nóveles años vemos un trabajo ajeno a los posteriores papeles de sumisión, de relegado, de dominado que veríamos en filmes tan diversos como Acto de violencia (1948) deFred Zinnemann, Shane el desconocido (1953)de George Stevens, o en El tren de las 3:10 (1957) del genial Delmer Daves, todas cintas en las que veríamos un perfil que encaja con el descrito del posterior y maduro Heflin, el cual desempeña bastante bien; pero no deja de sorprender, y agradar, verlo en esta oportunidad en un rol diametralmente opuesto, de dominador, de galán haciendo suspirar a ambas féminas, de portador de la batuta de lo que sucede, y dominando a Kirk Douglas. Completa el reparto el joven patriarca del clan Douglas, que desde sus bisoños años ya daba muestras de seriedad y mucha solvencia en este, el que sería su primer rol, su filme debut en el que cumple con su aporte. Interpreta eficientemente a Walter, un pelele, un fantoche supeditado a la voluntad de su mujer, y esto queda perfectamente plasmado cuando un individuo lugareño afírmale a Sam, cuando pregunta por su viejo amigo, que éste ”llegará a ser todo lo que su mujer quiera que sea”, lapidaria frase que habla ya del mequetrefe personaje que se tiene en frente.

Es de esta forma que se da una singular circunstancia, Van Heflin haciendo de galán y de recio personaje, que domina por completo a un pelele Douglas, el futuro símbolo de virilidad de los 50s y 60s se muestra aquí como un patético alcohólico, remedo de hombre, su mujer lo domina por completo. Es el plan de contingencia, la opción que tomó la mujer porque no tuvo otra alternativa, porque su principal partido se escapó, y esa pesada mochila, ese lastre no abandonará a Walter jamás; pero claro, son anecdóticas circunstancias las que colocaron a estos actores encarnando papeles que a la larga serían opuestos a sus posteriores perfiles de intérpretes. Ahora bien, la solidez interpretativa se expande y alcanza a todos los involucrados, a Lizabeth Scott, que también cumple con nota, y a la recordada Judith Anderson, en efímero papel, deja muestra de todo el sello y distinción que la hicieron digna de participar en una de las más memorables obras del prodigio británico Alfred Hitchcock, en Rebeca (1940). Esta sólida terna actoral interpreta, sin fisuras, la sórdida historia de lo que pudo ser y no fue, del amor frustrado y pasado, que de pronto toca a la puerta para ver cómo salieron las cosas, pero lo que encontrará será el más bizarro y putrefacto retrato de degradación y descomposición humana, esto plasmado, por supuesto, en la podrida y retorcida figura de la maquiavélica Martha, que es el núcleo, el eje sobre el que todo gira. Poderosa versión de cine negro, film noir que se apoya tanto en su sólido guión y puesta en escena, como en sus notables actores, filme repleto de muerte, de sorpresas, de carnalidad, pues el sexo, como era natural por esos lustros, está bastante presente, aunque lo lo esté muy tibiamente insinuado, jamás mostrado ni evidenciado. Para finalizar, este excelente filme tiene un título tan adecuado como efectivo, pues el amor de Martha es extraño, es bizarro, es oscuro, un gran título, un gran final, para una también gran cinta.


tomado de diariocinefiloclasico

Huérfana desde la infancia, Martha es adoptada por su rica tía quien intentará por todos los medios que olvide todos los buenos recuerdos de su padre y su vida anterior. Una noche tormentosa su tía la descubre intentando huir con Sam Masterson quien se marcha de la casa y estalla una terrible discusión entre Martha y su tía. Martha golpea a su tía con un bastón provocando que caiga por las escaleras y muera. Walter O’Neill es testigo y guiado por su ambicioso y oportunista padre decide testificar que un desconocido mató a la mujer. 

El extraño amor de Martha Ivers posee un argumento muy compacto; construido sobre las bases del melodrama característico de la serie negra: unos personajes oscuros, un crudo retrato de un peldaño de la sociedad, una mirada pesimista de la vida, un mundo corrupto lleno de sombras y recuerdos que amargan la existencia de las personas… En este sentido la trama se apoya en el factor casual al servicio de las reacciones de los personajes, para esbozar una historia azarosa cubierta de una intriga que se mantiene durante gran parte del desarrollo.

La puesta en escena de este título se muestra efectiva. El ruso Lewis Milestone trabaja con un uso de la cámara enfocado por encima de todo a otorgar mayor importancia al diálogo que a la estética del film. Esta prioridad provocará que la cámara se limite a grabar plácidamente las conversaciones entre los personajes fijando una posición demasiado estática exenta de cualquier creatividad. 

Respecto a la fotografía de Victor Milner hay que destacar el empleo de la noche y de las malas condiciones climatológicas para crear un ambiente de sordidez. Kirk Douglas sabemos que fue un actor de categoría excepcional, pero aun así sorprende la calidad de este su primer trabajo. Creíble y francamente bien. Lo mismo que Van Heflin y Lizabett Scott (esta última merece ser rescatada de esos olvidos injustos que tanto abundan en el mundo del cine). Y hablando de olvidos, no lo hagan de Judith Anderson, la “odiadísima” ama de llaves de Rebeca, en otro papel cortado por el mismo patrón.

Como detalle cabe mencionar la participación de la poco afortunada Lizabeth Scoot que no gozaría de mucha suerte a lo largo de su trayectoria por el cine. La música de Miklos Rozsa resulta modélica en la utilización de leimotivs para caracterizar a personajes y situaciones, así como en la magnífica labor de combinar animadas partituras de jazz que consiguen enfervorizar el carácter de la historia. 

Punto y aparte para Bárbara, actriz que sabe, enamorarnos (La mujer milagro), perdernos (Perdición) o como aquí, sorprendernos con veleidades pasionales y carencia de los más mínimos principios vitales. Al referirnos a ella como “nuestra” Barbara siento que estoy formando parte de un círculo de privilegiados, de un club de fans de una actriz que, a pesar de lo que diga el calendario, sigue existiendo…

En definitiva, este título es un notable largometraje que aúna la virtud de entrelazar una gran historia con un elenco de actores realmente maravilloso.