Fuerza bruta

Título en castellano Fuerza bruta
Titulo original Brute force
Año de filmación 1947
Duración 98 minutos
Pais Estados Unidos
Director Jules Dassin
Guion Richard Brooks (Historia: Robert Patterson)
Música Miklós Rózsa
Dirección de fotografia William H. Daniels (B&W)
Reparto
Productora Universal International Pictures
Sinopsis Tras los muros de la penitenciaría Westgate imperan el miedo y la violencia. El alcaide de la prisión mantiene hacinados a los presos y. además, los somete a constantes torturas y vejaciones. Joe Collins y sus compañeros de celda, hartos de la situación, deciden organizar una fuga. Un plan temerario que tiene muchas posibilidades de acabar en un baño de sangre. 
Premios  
Subgénero/Temática
Drama carcelario

tomado de filmaffinity

Octavo largometraje de Jules Dassin (“Noche en la ciudad”, “Rififí”). Escrito por Richard Brooks, guionista de “Forajidos” (1946), desarrolla un argumento inédito de Robert Patterson. Producida por Mark Hellinger para Universal, se estrena el 30-VI-1947 (EEUU).

La acción tiene lugar en la Westgate Prison (EEUU), en 1946/47. En una prisión sobreocupada y saturada, los reclusos son tratados por el capitán Munsey (Cronyn) con brutalidad, desprecio y salvajismo.

El film combina elementos de drama, cine negro y thriller. Se cuenta entre los mejores de Jules Dassin. Desarrolla un clima de tensión y suspense que se presenta construido con gran fuerza y singular eficacia. El ambiente opresivo y amenazante en el que viven los seis reclusos de la celda R-17 alcanza un nivel alto, intenso y prolonado de fuerza dramática. La presencia del mal se manifiesta a través del capitán, personaje sádico y ambicioso, que aspira a ocupar el cargo de alcaide del Centro Penitenciario. Su comportamiento suma crueldad, brutalidad, deslealtad y traiciones, que el espectador conoce más y mejor que los superiores del funcionario. La obra se erige en una metáfora antinazi, oportuna en el momento de la realización del film, un año después de la finalización de la IIGM.

Denuncia el ejercicio caprichoso y violento del poder y se posiciona a favor del trato humanitario de los reclusos y del respeto debido a los derechos de todo ser humano. La naturaleza esencialmente libre de éste explica que, cuando se le priva de libertad, aunque sea imposible huir, siempre, a veces compulsivamente, intentará hacerlo, aún a costa de la propia vida. Mediante cuatro flashbacks se explican las causas de las condenas de cuatro de los reclusos de la R-17. Hito del cine carcelario, tuvo gran influencia en obras posteriores. Incorpora varias escenas especialmente violentas, que contrastan con otras de marcado sentido lírico. Desmitifica el régimen carcelario de EEUU.

La música, de Miklós Rózsa, es orquestal, emotiva, perturbadora e inquietante. De tono grandilocuente, genera sentimientos de amenaza y terror. La fotografía, de William H. Daniels, creador de la mítica imagen cinematográfica de Greta Garbo, se complace en la construcción de ambientes opresivos (cerrados, oscuros y estrechos), en los que se hacen presentes el dolor, el sufrimiento humano, la desesperación y la muerte. Son notables las interpretaciones de Lancaster, Cronyn, Bickford, etc.


No resulta extraño, tras ver esta peli, que el infame senador McCarthy le cogiera ojeriza al bueno de Jules Dassin, porque “Fuerza bruta” es un sólido y tenso drama carcelario, excelentemente realizado e interpretado, que apunta al corazón mismo del sistema penitenciario norteamericano, ejemplificado en esa sórdida cárcel de Westgate en la que el brutal capitán Munsey oprime sádica e impunemente a los reclusos allí encerrados.
Si alguien sale malparado de esta peli no son, desde luego, los reclusos. El guión de Richard Brooks hace un notable esfuerzo por humanizarlos e individualizarlos, mostrando, mediante oportunos flashbacks, los motivos por los cuales están entre rejas los presos de la celda R17 y retratándolos como hombres que sufren la falta de libertad cada cual de un modo distinto. 
Desde este punto de vista, la peli se convierte en un agudo estudio de los efectos que el encarcelamiento ejerce sobre los hombres. La orgullosa rebeldía de Burt Lancaster, el pragmatismo de Charles Bickford, las canciones humorísticas, el padecimiento en silencio o la asunción del papel de delator no son sino máscaras, medios que los presos eligen para sobrevivir en un lugar en que todas las acciones, tanto entre reclusos como desde las autoridades, están severamente codificadas y pueden acarrear tanto premios envenenados como durísimos o irreversibles castigos.
Los supuestos encargados de velar por los presos, en cambio, son mostrados como seres despreciables e indignos de la tarea que desempeñan. Solo el borrachín y lúcido médico de la cárcel es capaz de sentir y expresar públicamente su desacuerdo con el modo en que son tratados los presos. El alcaide, en cambio, es un hombre mediocre y pusilánime que pese a apuntar trazas de remordimiento se muestra incapaz de plantarles cara a sus superiores o al cruel y manipulador capitán Munsey, que es quien gobierna realmente la prisión, tratando a los reclusos como ganado, manteniéndolos enfrentados entre ellos y controlados mediante soplones y socavando, sibilinamente, la autoridad del alcaide con la intención de suplantarlo.
Dassin dirige la peli con su pulso firme habitual, apoyado por la crispada música de Miklos Rosza, y punteando la acción con muy bien dosificados momentos de tensión, que culminan en la espiral de violencia de su apoteósico final (que nuestro particular capitán Munsey me ha prohibido revelar en este apartado de la crítica, bajo pena de ser reducido a porrazos), con imágenes inolvidables, de una potencia visual inusitada.


tomado de espinof

'Fuerza bruta', otro puñetazo de Jules Dassin

Jules Dassin fue perseguido por el senador McCarthy en la famosa caza de brujas que azotó el Hollywood en los años 40 y 50. Después de realizar sólidas obras de cine negro que además encerraban tajantes críticas al sistema, se vino a Europa a seguir haciendo cine dejando para el recuerdo títulos tan imprescindibles como ‘Noche en la ciudad’ o ‘Rififí’. ‘Fuerza bruta’ pertenece a su etapa americana, y es el primer film en el que Dassin empezó a ponerse terriblemente serio y realista, lanzando dardos envenenados, algo que no debió de gustar a muchos de sus compatriotas.

‘Fuerza bruta’ (‘Brute Force’, 1947) está ambientada en una prisión en la que el jefe de los carceleros aplica una indeseable ley sobre los reos, a los que siempre que puede les hace la vida imposible a base de castigos y torturas (cuando no le da por inducirlos al suicidio). Un grupo de presos, hartos de las injusticias a las que son sometidos por tan odioso hombre, tramarán un plan para escaparse de la prisión.

Así pues y a primera vista ‘Fuerza bruta’ parece la típica película sobre cárceles en la que un grupo de presos idea un plan para fugarse, un subgénero que ha tenido mucha aceptación hace años, y que recientemente se puso de moda en televisión gracias a la memez de serie ‘Prison break’ (y que al igual que otras como ‘Lost’ o ’24’ no resisten un segundo visionado ni de coña). Pero Dassin con su cámara viperina va mucho más allá realizando una denuncia social bastante incómoda. No es una película de buenos y malos, aunque los hay, pero también están aquellos que están a ambos lados. Y a Dassin, con un guión del también polémico Richard Brooks, le da la vuelta a las cosas. Enseguida sentimos apego por los presos, salvo excepciones por supuesto, y enseguida estamos en contra de los guardianes, también con excepciones. Los primeros representan la lealtad, la integridad, el saber hacer las cosas por duras que sean y el no rendirse jamás. Los segundos representan la corrupción, el egoísmo, la crueldad, el asesinato, la maldad en suma. Evidentemente este cambio de roles hizo que muchos miraran con malos ojos a Dassin, mientras éste les asestaba un clarísimo puñetazo lleno de verdad.

Cada película es hija de su época, y ‘Fuerza bruta’representa muy bien los tiempos que vivían en los USA y los que estaban a punto de vivir. De hecho la película parece una premonición de la mencionada caza de brujas, pero ambientada en una historia de fugas carcelarias, y en la que los soplones tiene un trato especial tanto si lo son como si no. Resulta curioso ver esta coincidencia argumental (o tal vez no) en ‘Fuerza bruta’ tres años antes de que Hollywood empezara a temblar por las acusaciones que tambalearon y pusieron en entredicho a todo un país. Pero dejando eso a un lado, la película es una excelente muestra de cine negro con instantes muy intensos sobre todo en su violenta parte final. Tal vez, argumentalmente hay que achacarle algunas soluciones un tanto facilonas, como el hecho de que todos los personajes sean conducidos al mismo interés personal (la fuga sí o sí), algunos de ellos bien explicado, y en otros casos, un tanto apresuradamente.

Dassin no se anda por las ramas, su cámara es enérgica, un bisturí que penetra en sus personajes de forma demoledora, y además se sirve de unas interpretaciones soberbias. Burt Lancaster con sus continuos cambios de humor pudiendo resultar tan amable como amenazador. Hume Cronyn, eterno secundario, que logra que odiemos su personaje con todos nuestro corazón. Charles Bickford, en un personaje quizá con demasiadas concesiones, pero impecablemente interpretado. Y aunque se trata de una película ambientada en un cárcel de hombre, en ella no faltan los personajes femeninos. Las por entonces famosas Yvonne De CarloAnn Blyth y Ella Raines dan vida a mujeres importantes en las vidas privadas de los presos. Y hasta en algún caso, para narrar hechos peores que estar encarcelado, pero que sirve para añorar la libertad fuera de las rejas, ese lugar anhelado por todo preso y en el que se está mejor, pase lo que pase por muy malo que sea, porque sencillamente ocurre “fuera”.

‘Fuerza bruta’ fue editada recientemente en nuestro país por Suevia en su estupenda colección de “Clásicos de oro”. Se trata de un film estupendo, en el que Dassin además de entretener se permite el lujo de hacernos pensar y estamparnos la cruda realidad en las narices, y todo ello en el interior de una cárcel, reflejo de una sociedad envenenada y condenada a la autodestrucción.


tomado de fiebredecabina

Fuerza Bruta, a medio camino entre el cine negro y el drama, supone una inmersión en el subgénero carcelario, que desde el primer momento atrapa por su ritmo, el dibujo de sus personajes y su atmósfera. La película también es una fábula sobre el poder y la ambición, así como el ansia de libertad y la ruptura de los moldes sociales, cosa imposible en un  microcosmos tan hermético como traicionero. Pero la película no es sólo un denso y electrizante drama carcelario, también es un golpe al corazón del régimen penitenciario  estadounidense, al que retrata como un sistema fascista donde prima la brutalidad y la delación por encima del trato humanitario y la reinserción de los presos. Este extremo viene representado por el capitán Munser (Hume Cronyn, impresionante ), que tiene al recluso Joe Collins (Burt Lancaster) entre sus miras, intentando quebrar su voluntad una y otra vez, y recurriendo a estrategias tan sucias como falsas acusaciones, la coacción y el aislamiento. En la otra parte,  como defensor de un trato compasivo y considerado con los presos, el Dr. Walters (Art Smith) se ahoga en alcohol ante la imposibilidad de vencer el ansia de poder del capitán Munser. Quizás fue por esta visión tan crítica y tan visualmente perfecto que Jules Dassin se granjeó la enemistad del todopoderoso senador McCarthy.

El guión, firmado por el futuro gran director Richard Brooks, se detiene en la vida personal de los reclusos antes de su entrada en prisión, ofreciéndonos capítulos episódicos que se les muestra de un modo más humano que criminal. Dichos capítulos fueron incluidos por orden del productor Mark Hellinger, que deseaba la presencia de algunas actrices en este testosterónico plantel de machotes. Esta idea fue del todo afortunada porque, aparte de que el guión se enriquece de forma notable, nos permite contemplar a rostros tan bellos como Yvonne de Carlo, Ann Blyth y Ella Raines.

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Sin duda, la parcialidad del guión de Fuerza Bruta es evidente, pero también es claro su mensaje: el preso convicto debe tener la oportunidad de reinsertarse en la sociedad. Ninguno de los reclusos de la celda R17 –donde cumplen su pena la mayor parte de los protagonistas- ha cometido un crimen tal como para merecer el severo castigo que se les ha impuesto y su sed de libertad obedece a la búsqueda de una nueva oportunidad. El fatal desenlace del film está propiciado por la presión del sistema carcelario, y no por la actitud de los reclusos. En este punto resulta crucial la conversación mantenida entre el recluso Gallagher (Charles Bickford) y el pusilánime alcalde de la prisión (Roman Bohem).

La música, de Miklós Rózsa, es orquestal, emotiva y perturbadora. De tono grandilocuente, genera sentimientos de amenaza y terror. La fotografía, de William H. Daniels, creador de la mítica imagen cinematográfica de Greta Garbo, se complace en la construcción de ambientes opresivos en los que se hacen presentes el dolor y el sufrimiento, especialmente en su parte final, donde este drama carcelario nos reserva unas excelentes secuencias de acción y sacrificio, lejanas y cercanas a la vez de ese cine negro que posteriormente haría famoso a Jules Dassin.

Tenemos el privilegio de recuperar este título en todo su esplendor gracias a las editoras  CAMEO y VERSUS ENTERTAINMENT, que lo han publicado en formato DVD, con idiomas en castellano e inglés, y con opción en subtítulos en inglés.

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tomado de cinodromo

Gran película carcelaria de Jules Dassin protagonizada por Burt Lancaster en el papel del férreo Joe Collins. Se retrata una penitenciaría en la que el alcaide, presionado por el político de turno, trata de mantener el control y orden del centro para no verse perjudicado por una posible decisión llegada desde arriba en la que podría perder su puesto si continuaran sucediéndose los desórdenes que motivan estar en el punto de mira.

En los hechos narrados además del protagonismo de Lancaster hay que destacar la interpretación de Hume Cronyn en el papel del desalmado capitán Munsey, el de Art Smith haciendo de médico de la cárcel (Dr. Walters), un hombre que simpatiza más con los presos que con un sistema carcelario indeseable, un personaje éste el del doctor que sabe siempre donde está y que será como un grano en el culo en todos los que deben llevar la gestión de la cárcel y la disciplina de los presos (y en este caso no me refiero precisamente al alcaide, alguien que quiere llevar más bien una política “amable” y no represiva en la que pudiesen sucederse molestas confrontaciones).

Otro personaje de interés es Gallagher, interpretación que hace con gran fuerza y convicción el actor Charles Bickford (el ganadero padre de Carroll Baker en Horizontes de grandeza), un colaborador del alcaide que tiene bastante influencia entre los reclusos y que aprovecha su situación para prestar sus servicios al jefe, y con el que Collins querrá contar para el plan que se propone llevar adelante en compañía de los compañeros de celda y, más tarde, cuando el asunto ya esté en marcha, de todos los que se quieran unir. También tendrá su protagonismo el alcaide en un papel en la cuerda floja y sin demasiado mando por las presiones recibidas y por un capitán encargado de la seguridad de la cárcel interesado en heredar su puesto llegado el momento.

El film Fuga de Alcatraz, protagonizado por Clint Eastwood, es heredero en cierta medida del film de Dassin que comentamos hoy. El plan para fugarse de la cárcel en la que se encuentran encerrados los reclusos que protagonizan la historia será de difícil ejecución por las características del lugar (una isla). Hay similitudes también en la vigilancia que ejercen los guardias, en la manera en la que esos reclusos se zafan de esa vigilancia o en muchas de las relaciones carcelarias que existen en las que cabe cierto grado de intimidad entre los compañeros, de camaradería, y en las que los recuerdos de cuando estaban fuera, y que se relacionan con su mala situación actual, inciden en su estado de ánimo y en sus decisiones de intentar una fuga demasiado complicada que podría arruinar su vida definitivamente. En todos esos recuerdos, expuestos como líricos flash backs, las mujeres de las vidas de esos presos cobrarán una importancia vital; ellos añorarán su vida fuera y las mujeres con las que estaban, un buen motivo para intentar huir. De cualquier modo, y aunque se puedan vislumbrar similitudes con la película de Clint Eastwood, en esta de Dassin los preparativos del plan de fuga tiene menos relevancia, la peli, sin embargo, tiene más contundencia que la de Eastwood, aunque en cuanto a entretenimiento puro y duro que tendría que ver más con lo comercial tal vez ganase la película de Clint Eastwood; de cualquier manera el vigor, la dirección, puesta en escena y la reflexión que provoca la de Dassinsupera con cierta diferencia a Fuga de Alcatraz; para mí es mejor película la de Dassin.                               

En Fuerza bruta hay una crítica al sistema, sobre todo en el discurso del médico penitenciario, y más que en los planes de la fuga que se va a intentar, la peli fija su foco en lo que representa cada personaje, como el capitán Munsey de quien dirá el doctor qué tipo de persona es en una escena más que memorable: un enfermo de poder, un psicópata que hará lo que sea para conseguir lo que pretende, torturas despiadadas incluidas (y que acabará consiguiendo, pero con resultados no del todo satisfactorios para consuelo de todos. Sería demasiado injusto que se saliera con la suya de un modo tan rotundo). La fuerza bruta que lleva a cabo el capitán en su política de represión llena de odio hacia los presos y de coacciones psicológicas será como una metáfora de lo que significan los fascismos. (La peli es del año 47, sólo dos años después de terminada la segunda guerra mundial)

Y llegado el momento de fugarse aprovechando los trabajos forzados en la fosa, una mina en la que trabajan a destajo los reclusos, el tramo final será pura dinamita, con un intento de escapada muy marcial en el que Joe Collins será un héroe para todos sus compañeros de prisión haciendo lo que todos desearían haber hecho en infinitas ocasiones, pero que no pudieron (o no se atrevieron a hacer) por su situación. El plan no sale como se esperaba, pero no deja de haber justicia.

El final, sin embargo, protagonizado por el doctor, deja un mensaje pesimista: eso de que nadie puede escaparse de las cárceles (cárcel como metáfora), aunque lo pretenda con todas sus fuerzas e inteligencia, y que siguen y seguirán repitiéndose sin parar intentonas sin ninguna posibilidad de éxito. Aquí se presume una doble lectura: quizás nos esté diciendo que uno no puede escaparse a un destino que por más que intente modificar nunca podrá hacerlo a su gusto y que las injusticias seguirán existiendo si a uno le ha tocado formar parte de ellas. También se puede interpretar la noción de cárcel como un prejuicio que limita y encierra en la ignorancia al individuo, o como imposiciones sociales (de poderes económicos o políticos), que maniatan, en las que el hombre es un engranaje que forma parte de una gran maquinaria que sirve al sistema (orden, clase o casta… antes y ahora) del que no puede desembarazarse.